Ni juntos, ni revueltos


Al final Núñez Feijoo impuso su criterio e Inés Arrimadas y el invento de que los restos de Cs vayan empotrados en las listas del PP no va a ser posible. Al menos aquí en Galicia, que ya se sabe que somos una república independiente en eso de los resultados electorales. Los restos de Rivera estuvieron mareando la perdiz hasta el último momento, sabedores de que no tendrían más réditos que una mayor presencia mediática.

Por eso no debió de dedicarle mucho tiempo el presidente gallego a la propuesta, porque no era necesario. Encuestas al margen, no tuvo Feijoo muy difícil razonar el ofrecimiento y ver los beneficios o contratiempos que podían ocasionarle. No debió de hacer más que preguntarse qué le aportarían los restos de una formación en fase de demolición, que carece de un liderazgo gallego claro y conocido, mientras al estatal le mueven la silla; y que en las últimas generales obtuvo aquí poco más de la mitad de votos que los ultras de la arquitecta Monasterio.

Pero aún más. No fue necesario ni que Feijoo se preguntase lo que nos preguntamos muchos. ¿Qué atractivo ofrece la amalgama, por ejemplo, a un votante de centro izquierda que llegó a Cs desencantado del PSOE? ¿Y a uno del PP, que aplaude sus alianzas con Vox y que creía a Rajoy demasiado progresista? ¿Cómo van a gestionar el caminar a porrazos en Galicia y abrazados más allá de Pedrafita? ¿Qué opción le ofrecen a la mayoría de votantes que pedían que Rivera apoyase a Sánchez en la investidura?

Cierto que la situación no es igual en Euskadi, donde puede que tenga algo de efectividad la fórmula porque está amparada por los malos resultados a los que parecen abocadas ambas formaciones. Pero en Galicia, donde los naranjas se mueven entre el 3 % y el 4 % de los votos, frente al 32 % y el 47 % de los populares, el empeño de la pobre Arrimadas nació sin recorrido.

Lo que buscó la líder naranja tratando de asociarse fue un desesperado y último intento de que Cs siga con vida, sabedora de que pronto va a ser un recuerdo. Y en este camino Feijoo no solo no la ayudó, sino que echó una mano para terminar de cavar la tumba.

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