Lo previsto: todos contra uno


En una campaña electoral que, condicionada por la necesidad de evitar actos masivos de partido para prevenir la expansión del covid-19, está siendo extraña como ninguna en el pasado, el debate electoral que ayer organizó RTVG tenía sin duda un interés sobreañadido a los que de tal naturaleza se han convertido ya en habituales.

El debate estuvo condicionado, en primer lugar, y como no podía ser de otra manera, por el alto número de participantes, lo que no solo redujo, como resultaba inevitable, el tiempo del que dispusieron para explicar sus ideas los partidos que con total seguridad obtendrán representación parlamentaria (PP, PSdeG, BNG y Galicia en Común), partidos obligados a debatir también con quienes se quedarán fuera de la cámara gallega según indican todas las encuestas (En Marea, Vox y Ciudadanos), sino que complicó, además, la dinámica de la discusión, confusa y embarullada desde el minuto uno hasta que el debate terminó.

Sea como fuere, la oposición parlamentaria presente ayer en el debate tenían dos formas de enfrentarse a una cita llamada a ser de gran utilidad para el conjunto del cuerpo electoral. La primera, tratar de explicar sus alternativas respectivas y también las coincidencias programáticas que, llegado el caso, les permitirían gobernar conjuntamente la Xunta de Galicia, pese a la gran diferencia de culturas políticas de unos y de otros: partidos de gobierno y fuerzas antisistema, partidos nacionalistas y fuerzas no nacionalistas. Y es que de ninguna otra forma podrían hacerlo si aciertan todos los sondeos conocidos. La segunda posibilidad, lanzarse en tromba contra el presidente de la Xunta, demostrando así lo que mucha gente piensa: que en realidad lo que une de verdad al PSdeG, al BNG y a Galicia en Común no es un proyecto de Gobierno y de país sino la voluntad de echar al PP de la Xunta, sin haber decidido qué harán después con su eventual mayoría desde las instituciones.

Al optar la oposición por lo segundo, Feijoo tuvo que hacer frente, como, por lo demás, resultaba previsible, a la acusación preferida de la izquierda (la privatización y los recortes) que, comprensible en boca de los líderes de Galicia en Común y el BNG, resultó mucho menos explicable y verosímil en la del líder del PSdeG, que pertenece a un partido que no solamente ha recortado siempre que las circunstancias lo exigían (con el Gobierno de González y con el de Zapatero después de 2010) sino que conoce, como buen economista, hacia dónde camina el país tras los destrozos del covid-19: hacia una ajuste de caballo que será la consecuencia inevitable de un formidable aumento de los gastos del Estado (ERTE, desempleo, subvenciones a sectores productivos) y una caída espectacular de sus ingresos.

Pero de nada de eso se habló ayer: de lo que se nos viene encima. O, mejor, de cómo saldremos de lo que se nos ha venido encima ya. Eso justificaba el debate y eso hace inexplicable que se haya desperdiciado tan útil oportunidad.

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