Vacunas: ¿esencial o de alto riesgo?


Si las vacunas para el covid son la gran contribución de la ciencia, y su distribución y gestión el alfa y omega de la política en este primer mundo, sorprende el bailoteo de criterios y prioridades en el Comité Interterritorial de Salud Pública. No es solo la vacuna de AstraZeneca, donde la evidencia científica ha ido por parroquias. España, en un inicio, solo hizo equipo con Bélgica para aplicarla en menores de 55 años. Tal discrepancia abrió la puerta a los «trabajos esenciales», donde la evidencia del riesgo no se ha acreditado, en perjuicio del criterio edad y patologías. Lo que lleva a encontrarse a jóvenes profesores de 30 años vacunados, mientras profesionales entre 65 y 75, incluso con algunas patologías de riesgo, ni lo están ni saben cuándo. Lo que, junto a la lentitud, hace que los datos no cuadren.

En Galicia vivimos, o así, 2,7 millones de personas, de las cuales el 8,65 % supera los 80 años, el 10,7 % está entre 70 y 79 años y el 12,8 % entre los 60 y 69. Grupo que se debe partir entre el 6 % de los de 60 a 64, vacunables ya con AstraZeneca, y otro 6 % entre los de 65 a 69 años, del que tampoco se habla o irán de últimos. Según los cambiantes informes de Sanidad, el retraso de Galicia, casi subsanado, entre los mayores de 80 era muy elevado, debido según la Xunta al «mal gallego»: la socorrida «dispersión poblacional». Mayores de 80 a quienes se dio prioridad con toda lógica, pues son un tercio de los mayores de 60 años que se infectaron, de los que el 27 % necesitó hospitalización y el 12 % fallecieron. Evidencia indiscutible de su prioridad.

Según las estadísticas, entre los 70 y los 79 años se cuentan alrededor de 158.000 gallegos infectados, de los que casi un 19 % fueron hospitalizados y un 4 % fallecieron (unos 6.000). Y por último, en el mistificado, por efecto de las vacunas, grupo de 60 a 69 años, se encuentra el 43 % de los infectados, de los que el 10,5 % ha necesitado ingreso hospitalario y solo un 1,1 % (unos 2.666) fallecieron. De 60 años para abajo, los afectados y los efectos graves disminuyen drásticamente. Con estas evidencias, a las que hay que añadir la desigualdad de género, y las asociadas a patologías graves bien conocidas por los médicos de familia, no se entiende la prioridad en la vacunación que reinterpreta en continuo el Comité Interterritorial de Salud, Xunta incluida. Prioridad que mantiene una amplia categoría de «trabajadores esenciales», sin asociación con la edad, y sin evidencia de riesgo grave que justifique su prioridad. Mientras, Ayuso construye su Cantón de Cartagena, a lo ruso. Con vacuna o sin ella.

La aplicación de las vacunas evidencia deficiencias similares a las de los barrios perimetrados, cierres, desescaladas, deficiente logística y falta de control -donde el que parte y reparte lleva la mejor parte-, y que nos lleva al mundo aquel de la penicilina, su regulación y su estraperlo -del que quizás la vida de algunos sea deudora- en la posguerra mundial. Tampoco entonces éramos todos iguales. Y pasaron 70 años.

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