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A las pocas horas del asesinato de Samuel, Alejandro Sanz alertaba en un tuit que el hecho «de que la orientación sexual de Samuel nos preocupe más que el instinto criminal de sus asesinos dice mucho de lo jodidos que estamos». Y, claro, ante mensajes como este el debate nos asalta. Porque poco nos importaría la orientación de alguien si esa no fuera utilizada como un insulto en el propio asesinato. Si se demuestra, como informa impecablemente mi compañero Alberto Mahía, que los asesinos increparon a Samuel al grito de «maricón» la cosa cambia. Y, dándole la vuelta al tuit de Sanz, eso sí diría mucho de lo jodidos que estamos. Que ese odio a los homosexuales termine germinando en esta violenta agresión es un agravante que como sociedad no debemos dejar pasar. Nos importa ese odio, como nos importa la saña y la crueldad. Pero el insulto habla por sí solo de lo que hay detrás. Entiendo que el padre de Samuel no quiera hacer bandera de nada, y que desde el punto de vista de la investigación haya que tener toda la cautela a la hora de demostrar todas las pruebas. Pero si, como parece, a Samuel le espetaron en la cara: «O paras de grabar o te mato, maricón», estamos ante otro terrible y monstruoso ataque homófobo. Lo sabe también Alejandro Sanz, que después de escribir su primer tuit matizó sus palabras: «Que quieran sacar la homofobia de la ecuación me parece el problema». Por eso el «maricón» importa. Justicia para Samuel.