Criminalizar a los jóvenes

OPINIÓN

PACO RODRÍGUEZ

22 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A lo largo de las últimas semanas, he escuchado hasta la saciedad la expresión de que «no debemos criminalizar a los jóvenes», en referencia a su papel en los nuevos brotes de coronavirus. Por supuesto que estoy de acuerdo, salvo que se trate de jóvenes criminales claro, como creo que no debemos criminalizar a los sexadores de pollos o a los fabricantes de tractores. Cuestión bien diferente, es si lo que ha ocurrido con los viajes de fin de curso tiene un pase.

No deja de sorprenderme que después de un año en que muchas actividades han sido no presenciales y en el que el control del virus en los centros ha sido ejemplar, hayan comenzado actividades presenciales como viajes, botellones, conciertos, etcétera.

Vaya por delante que en esto nada tienen que ver sus profesores, que este curso han tenido una carga de trabajo sobreañadida, pero sí los alumnos y sus padres que, en mi opinión, tienen absolutamente toda la responsabilidad.

En Mallorca, acordémonos, un grupo de jóvenes fue confinado en hoteles al confirmarse su positivo en covid o tratarse de contactos más o menos estrechos. Para sorpresa general, los niños consideraban que estaban secuestrados y maltratados; saliendo a los balcones de los hoteles de cinco estrellas al grito de «libertad», la palabra de moda. En su afán reivindicativo, una madre protestó porque les habían dado de primer plato lentejas y de segundo albóndigas, que, como todo el mundo sabe, atenta contra los derechos humanos.

Mientras tanto, saltaban de habitación en habitación con el virus y subían bebidas desde la calle, mientras de rato en rato llamaban a papá o a mamá para quejarse de la vulneración de sus derechos.

Como no podía ser de otra manera, los padres exigían la «libertad» de sus hijos, mientras algunos pillos se escapaban del hotel, orgullosos de su arrojo como si se tratara de la Fuga de Alcatraz.

Por supuesto que no todos se han comportado así; he visto a dos jóvenes gallegas confinadas de las que todos deberían aprender, y que muchos padres han reaccionado a su legítima preocupación de una forma ponderada, pero la resultante de toda la situación es que algo no funciona cuando unos y otros se trastornan por unos días de confinamiento en Mallorca, sabiendo que ha sido su propia conducta la responsable de su situación.

Esta mañana me he encontrado a un amigo con responsabilidades en el control de la pandemia y lo ha expresado mejor que yo: o todos, jóvenes incluidos, asumimos una serie de valores comunes, como la solidaridad intergeneracional, el sacrificio por el bien común o el respeto a las decisiones de quienes velan por nuestra salud, o aquí no hay nada que hacer.