Covid-19, gripe y ahora ¿flurona?
OPINIÓN
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Nunca se inventó un cuento más corto: gripe y covid, en inglés flu y corona, «flurona». Nada como escribir en la tierra de don Álvaro (Cunqueiro) sobre fabulaciones que podrían corresponder al mago Merlín. ¡Qué pena que no hubiera sido covid y juanete para llamarlo covete, o covid y sabañón para decir covañón!
Un año y medio de vacunación frente al covid 19, dos de pandemia y tres mutaciones clave del SARS-CoV-2 (614G, delta y ómicron) han demostrado que las vacunas actuales frente al covid distan de ser perfectas, pero han sido, con mucho, las que han evitado un tsunami de muertes insoportable de no disponer de ellas. La estrategia vacunal en una pandemia no es igual que frente a otra enfermedad infecciosa conocida. En una pandemia con un 1,5-2 % de letalidad global (2,4-3 % tuvo la gripe de 1918), la vacunación masiva puede no modificar el curso de la enfermedad epidémica, pero ya ha marcado la diferencia entre caer enfermo o «caer muerto».
La variante ómicron tiene características nuevas y diferentes que la hacen muy distinta de las anteriores, por eso infecta como lo hace y escapa mucho más de las vacunas que las otras. ¿Es el fin del virus? Más bien, es el inicio del fin de este virus tal y como lo conocimos hace más de dos años, cuando iba a ser como una gripe según algunos divulgadores científicos. En todo este tiempo, aparte de infectar, el virus no ha hecho más que dar zascas a estos predicadores, perdón, adivinadores, surgidos como setas al calor de las desgracias, y que ahora anuncian que la pandemia acaba en abril, porque yo lo valgo, oiga.
Algo que debemos asimilar, por obvio que sea, es que el SARS-CoV-2, como la mar, no lee el BOE ni los periódicos, no ve la televisión, desconoce la OMS y sus directrices se la traen al pairo, pues, como la mar, es parte de la naturaleza, imprevisible y nunca enteramente conocida. Esa que nos recuerda, ante un bicho insignificante, que debajo de nuestro cerebro sapiens quedan restos del neandertal y acaba apareciendo el reptiliano más primitivo que explica los dispares comportamientos humanos exhibidos por los NoVac YoCovid de turno, durante la pandemia.
Con vacunas que permitan la finalización de la pandemia en el mundo en el plazo de 1-2 años, en la etapa pospandémica será clave el mantenimiento de la inmunidad contra el virus. El futuro del SARS-CoV-2 dependerá fundamentalmente de tres factores interrelacionados: la efectividad y naturaleza de las vacunas, la confianza de las personas en ellas y las estrategias vacunales junto a la evolución del virus, fruto de la presión biológica inmune. Y esto en tres escenarios distintos: el escenario pandémico, el pospandémico precoz y el pospandémico tardío. En ellos la difusión e impacto del SARS-CoV-2 cambiará. Aparecerán vacunas frente al covid-19 mejores que las actuales, se producirá una modificación de los calendarios de vacunación con indicaciones precisas poblacionales, siempre existirá un riesgo aumentado del covid-19 en personas vulnerables y el manoseado concepto de «inmunidad de grupo» deberá reformularse y sustituirse por el de «protección o atenuación» de grupo.
La inmunidad de grupo en las infecciones respiratorias es compleja y muy distinta a la de otras infecciones. Incluye desde la infección natural a la vacunación, las reinfecciones y las revacunaciones periódicas que modulan y dirigen la inmunidad colectiva y su evanescencia parcial. En este panorama futuro se requerirán respuestas e instrucciones coherentes que refuercen la confianza de la población en la estrategia vacunal y epidemiológica. En esta pandemia de falsas dicotomías sociales (economía o salud, mascarillas sí o no, pasaporte sí o no, cuarentena sí o no, etcétera), las soluciones «políticas» o «gregarias» suelen ser las peores.