Sánchez I, el «gripalizador»

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Eloy Alonso | Efe

14 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En su última comparecencia pública —en una emisora de radio muy amiga— anunció Sánchez que «tenemos las condiciones para que con precaución, poco a poco […] empecemos a evaluar la evolución del covid con parámetros diferentes a lo que hemos hecho hasta ahora». Con tal afirmación daba un sí claro el presidente a una pregunta en la que la periodista Angels Barceló le demandaba si íbamos «hacia una gripalización (sic) de la pandemia. Hoy mismo —añadía Barceló— El País cuenta que el Gobierno va a estudiar con las comunidades autónomas aplicar al coronavirus el mismo modelo que se sigue para seguir las gripes, es decir, dejar de contar casos, dejar de hacer pruebas».

La posición del presidente se basaba, según sus palabras, en un hecho conocido: que la letalidad de la pandemia, de la primera a la sexta ola, había pasado «del 13 % a cerca del 1 %». Pero tan ajeno vive Sánchez a la lucha contra el virus —tras habérsela endilgado en su totalidad a las comunidades, que pelean en todos los frentes (vacunación, medidas preventivas y política sanitaria) como si el Gobierno no existiera— que el jefe del Ejecutivo aparta de su valoración todo lo que según se ve no le conviene.

Y es que aunque, por fortuna, la letalidad del covid ha bajado, su altísima contagiosidad actual, unida a la recuperación de una creciente normalidad en la vida diaria han provocado que (pese a la alta tasa de vacunación, que las comunidades y la gran responsabilidad ciudadana lograron hacer efectiva) el caos provocado por la variante ómicron sea formidable. Con muchas ucis al borde del riesgo extremo, la presión hospitalaria es ahora igual que en enero del pasado año: a día 11, 16.792 pacientes en el 2021, por 16.555 en el 2022. Pero no es ni de lejos solo eso: el número de bajas laborales —que según Ana Ercoreca, presidenta del sindicato de inspectores de trabajo, ha pasado de 75.000 en noviembre a ¡600.000! en diciembre— ha provocado un colapso en la asistencia primaria, que ha llegado al punto de que en varios territorios las altas laborales sean ya automáticas.