La política resulta imprevisible; la vida, también. Con la segunda podemos intentarlo; pero entre la realidad y el deseo, la vida escoge lo que le viene en gana. La política es otra cosa. En el puro intento van descritas sus metas, objetivos, la prospectiva. Nunca hemos presenciado un desbarajuste mayor que este que hemos padecido desde el 2023. Ni siquiera se han aprobado unos presupuestos en toda la legislatura. En cualquier país occidental este desaguisado sería suficiente para la convocatoria electoral; aquí, ya nada importa. Propongo un ejemplo diáfano: a finales del 2025, el presidente del Gobierno exhortó a sus ministros para que llevasen a cabo medidas que no tuvieran que pasar por el Parlamento. Y se quedó tan ancho. Él y toda España, que entonces tenía la cabeza en variados mesteres lúdicos. Es decir, el presidente instaba a sus ministros a que soslayasen la democracia, en la que el Parlamento resulta crucial: órgano constitucional que representa al pueblo. Y no sucedió nada. Las calles estaban llenas. Pero no eran manifestaciones a favor de la democracia. Era el Fin de Año, simplemente. Tenemos un Gobierno que pretende gobernar eludiendo lo más posible al Congreso de los Diputados. ¿Por qué? Porque carece de mayoría parlamentaria. Y así, sin presupuestos y sin mayoría, avanza la política patria.
En Galicia, por fortuna, la política es diferente. Ha sido la primera comunidad autónoma que ha aprobado los presupuestos del 2026. Existe un plan de futuro: la prospectiva de la que hablaba al comienzo. Al gasto social se destinan tres de cada cuatro euros presupuestados. Y se hace porque la educación, la sanidad o las políticas sociales son prioritarias para el Gobierno gallego. Maneja la Xunta una hoja de ruta. Pueden cambiar las circunstancias y, entonces, habrá que actuar frente a ellas. Pero, en origen, el mapa inversor y de gasto es diáfano. Además, la Xunta parece priorizar las necesidades de la gente. Así, mientras que el Gobierno central ha ayudado a convertir la vivienda en el mayor problema de España (su Ley de Vivienda ha resultado nefasta), aquí se intentan paliar las dificultades con los medios de alcance autonómico, que son más exiguos que los que maneja la Moncloa. La Xunta destina 350 millones a políticas de vivienda para este año y buena parte (163 millones) se dirigen a la construcción de nuevos hogares.
Pero, cifras al margen, yo creo que en Galicia el Gobierno no se mofa de los ciudadanos. Uno puede transigir o no hacerlo con los planteamientos de Rueda y el PP, y está en su derecho, pero no se sentirá estafado. El Gobierno central, contrariamente, se asemeja a una burla constante. Desde el CIS de Tezanos hasta la financiación singular para Cataluña: 4.700 millones de euros más, con Junqueras, el indultado, como maestro de ceremonias. Dicen que todos saldremos beneficiados. Parece una tomadura de pelo. Ojalá no nos falte el sentido del humor. Sería insoportable.