Con el fuego no se puede jugar. El fuego hay que tenerlo controlado en todo momento y no perderlo de vista ni un instante.
Lo sucedido en la fiesta de Fin de Año en el bar Le Constellation en la estación de esquí suiza de Crans-Montana es buena prueba de ello. Un elevado número de jóvenes se encontraban reunidos en una especie de subsuelo al que se accedía por una única escalera.
Parece ser que el fuego se inició por una bengala adherida a una botella de champán, que sostenía una persona que fue elevada por otra, de tal manera que la bengala tocó el techo y prendió fuego en los materiales que, por supuesto, no eran ignífugos, porque si no, no arderían. Cuando no hay ventilación, como en este caso, los gases calientes se acumulan en las partes altas y la temperatura se eleva de tal modo que todos los materiales entran en ignición de forma súbita y el fuego se propaga por todo el recinto.
Los paneles de espuma acústica adheridos al techo de la discoteca, que estaban fabricados a base de poliuretano, resina obtenida por la polimerización de diisocianatos con poliésteres o poliéteres que tengan varios grupos hidróxido, se incendiaron inmediatamente. El poliuretano se utiliza para fabricar espumas flexibles (colchones, asientos) o rígidas (aislantes para la construcción).
No sé cómo es la legislación suiza referida a este tipo de establecimientos, pero está claro que o no es adecuada o no se vigila su cumplimiento.