La desigualdad mata
OPINIÓN
El pasado domingo nos enteramos de que en la localidad de Mos (Pontevedra) un hombre de 67 años acabó con la vida de su expareja, de 52. Lo hizo en la propia casa de su víctima. Desgraciadamente, las noticias sobre actos de violencia contra las mujeres se encuentran de forma habitual en las crónicas informativas. Se suceden las cifras de víctimas mortales, año a año, mes a mes. Y no podemos normalizarlo, dejar de estremecernos. Menos aún, reducirlas a ser números.
Nos preguntamos cómo es posible que actos de este calibre sigan produciéndose en una sociedad moderna. La práctica judicial confirma lo que se pone de manifiesto por parte de los expertos en el tema: la violencia de género no comienza con un acto abrupto de agresión, sino que se le da pie mediante técnicas más sutiles, pequeños actos de vejación a las víctimas.
Estas conductas suelen incrementarse progresivamente, propiciando la realización de otras de mayor calado y trascendencia, como el control de su persona o su aislamiento social, que culminan, en los peores casos, en actos de agresión. Su efecto es especialmente doloroso y visible cuando acaba con la vida de una mujer, pero emponzoña las vidas de miles de ellas cada día. El año 2025 cerró con 47 mujeres asesinadas por violencia de género. Todas ellas con nombres y apellidos, sueños y seres queridos que no volverán a verlas.
Por poner negro sobre blanco: la violencia sobre las mujeres tiene como trasfondo la posición de superioridad y poder machista derivada de un contexto histórico de desigualdad entre el hombre y la mujer. Cualquier acto de violencia física o psíquica de un hombre hacia una mujer en el ámbito de la pareja es considerado violencia de género, con independencia del ánimo o motivación que haya guiado al autor, siempre que tenga dicha connotación.
Los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial para el año 2025 muestran un panorama terrible: lejos de experimentar un descenso en las cifras, en el segundo semestre del 2025 se registró un incremento en las denuncias (51.897) y en el número de mujeres víctimas, que ascendió a 47.710. Un 3,41 % más respecto al mismo período del 2024. Se observó un aumento en los casos activos de riesgo medio y extremo en el sistema VioGén.
Para acabar con esta violencia hay que seguir actuando en dos planos: el de la prevención y el de la detección. En España existe un verdadero sistema para combatir la violencia sobre las mujeres, sostenido sobre recursos asistenciales y médicos, económicos, policiales y judiciales, y mantenido y mejorado con el esfuerzo de miles de personas involucradas en esta lucha.
Sin embargo, la verdadera tarea pendiente se encuentra en erradicar ideologías, creencias sociales, estereotipos que enmarcan a la mujer en un contexto de inferioridad y sumisión respecto del hombre. Y para ello no solo se necesitan políticas públicas que fomenten programas educativos basados en la igualdad entre sexos. Es tarea de todos promocionar y practicar una efectiva igualdad, trabajar para atajar esta violencia.
Es de suma trascendencia que todos y cada uno de los ciudadanos adquiramos una efectiva convicción de igualdad entre hombres y mujeres. Que identifiquemos los patrones que sustancian la violencia, y nos sintamos interpelados ante su crueldad. Porque solo así empezaremos a ver a la mujer de igual forma que al hombre, sin matices. Porque solo así se llegarán a suprimir los comportamientos machistas. Porque solo así no tendremos que hablar nunca más de violencia de género.