Tu cara me suena

OPINIÓN

J.J. Guillén | EFE

06 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La penúltima vez que fue noticia sacó un adoquín en un debate electoral. Todas las encuestas le sonreían, y él empezó a soñar con colonizar el espacio del PP. Soñó, además, con las franelas, jardines y asesores del palacio de la Moncloa. Al despertar del sueño, Albert Rivera estaba metiendo sus cosas y a su perrito Lucas en una caja en un despacho que ya no existe en una sede que ya no existe de un partido que técnicamente ya no existe. Es como si hubieran transcurrido 600 años, pero han pasado seis. Albert sigue pareciendo joven porque aún es joven, tiene 46 primaveras. Se ha dejado el pelo largo y barba de lampiño. Todo en él está muy estudiado. Reaparece en una charla de Borja Sémper, retirado diez meses por un cáncer. Puede que al verlo ahí sentado, alguien le haya dicho: «Tu cara me suena». No hay cosa más fea que se le pueda decir a un personaje público. El día menos pensado, Albert anuncia que está de vuelta. El político es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.