Andamos estos días muy entretenidos en los medios de comunicación con los temas judiciales que asolan este país. Anteayer fue el turno para el teatrillo de Ábalos. Antes lo fue para el de Koldo y el de Aldama, sin olvidarnos de la Kitchen y de la falta de memoria de todos cuantos en ella aparecen.
A España se le están yendo las energías por este estercolero de la corrupción y por la cainita lucha por el poder que estamos viviendo todos los días. Con un Gobierno precario que ha hecho de la precariedad su modo de vida, y una oposición que no logra imponer el relato a pesar de todo. Pedro Sánchez dedica buena parte de sus esfuerzos a la mera supervivencia y ha metido a este país en más de un callejón sin salida en su afán de agradar a los nacionalistas catalanes y vascos. Para el presidente del Gobierno ha sido más importante conceder la amnistía y regar a los soberanistas de cuantas prebendas han pedido que atajar, por ejemplo, los problemas que la sanidad tiene a nivel nacional.
España está enredada en miserias como la citada corrupción, mientras que en algunos países se han comenzado a cruzar líneas rojas que tarde o temprano llegarán encima de la mesa de quien gobierne España en ese momento. No hay más que echar un vistazo a lo que sucede en Alemania.
El Gobierno de Friedrich Merz ha puesto en marcha tres grandes bloques de recortes sociales que significan en total un ajuste de más de 40.000 millones de euros en sanidad y prestaciones; un endurecimiento, tanto del sistema de subsidios como del acceso a la renta básica, y la eliminación o reducción de coberturas del estado del bienestar, especialmente en la seguridad social y ayudas familiares.
El recorte sanitario podría llegar hasta los 38.000 millones de euros y cada ministerio tendrá otro como mínimo del 1 %. Habrá tijeretazo a las pensiones a largo plazo, y habrá ajustes en las prestaciones por desempleo y un aumento de las cotizaciones. Alemania se prepara para un incremento exponencial de su gasto militar y al mismo tiempo se pone manos a la obra para rebajar su déficit estructural. Antes, en Francia, se generó una gran controversia ante el plan de ajuste fiscal propuesto por el Gobierno, con el que pretendían hacer frente a su déficit recortando cuarenta mil millones de euros. Mientras, en España, el Gobierno de Pedro Sánchez habla siempre en clave de aumentar las pensiones, el salario mínimo y un sinfín de prestaciones.
Ojalá que nuestros gobernantes tengan la varita mágica que les impida hacer ajustes brutales al estilo de los comentados. Pero no deberíamos ser tan ingenuos como para no pensar que lo que les sucede a nuestros vecinos, tarde o temprano nos pasará a nosotros. Este es el verdadero debate que teníamos que tener sobre la mesa del Gobierno y la oposición: cómo conseguir mantener la mayor parte de nuestro estado del bienestar, al tiempo que atendemos a las nuevas necesidades de la geoestrategia mundial. Es en esto y no en otra cosa en lo que España debe centrar sus energías. Lo demás es un ruido insoportable que nos desvía del verdadero camino.