Gracias por salvarme
El pasado jueves sufrí un fuerte dolor en el pecho y acudí a Urgencias del ambulatorio de Ferrol. Allí me atendieron rápidamente y me recomendaron acudir al Hospital Arquitecto Marcide. En apenas una hora me realizaron las pruebas necesarias y confirmaron que estaba sufriendo un infarto. Fui trasladado en ambulancia medicalizada al CHUAC de A Coruña, esa misma tarde-noche me colocaron un stent y, afortunadamente, el problema quedó resuelto.
Quiero agradecer a todas las personas que me atendieron: médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, personal de ambulancias y de limpieza. Todos demostraron una enorme profesionalidad, pero, sobre todo, una calidad humana que me hizo sentir acompañado en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Hay un recuerdo que jamás olvidaré: cuando me trasladaban a la quinta planta, el personal de la uci me despidió con aplausos. Me hubiera gustado hacerme una fotografía con ellos, pero aquella imagen quedará para siempre en mi memoria.
A mis 87 años, me siento profundamente orgulloso de la sanidad pública que tenemos y absolutamente convencido de lo importante que es cuidarla. He comprobado que detrás de ella hay profesionales preparados, comprometidos y humanos. Por eso solo puedo decir: gracias por salvarme la vida y por hacerlo con corazón. Jaime Tizón Barcia.
Ceuta, siempre benéfica
El título de «Siempre Benéfica» que luce Vigo en su escudo fue un reconocimiento a la solidaridad de sus vecinos. Tras el desastre del 98, miles de soldados heridos y enfermos regresaron a España desde Cuba en condiciones lamentables. Los vigueses se volcaron con ellos y les ofrecieron comida, ropa, atención médica y alojamiento de forma totalmente desinteresada. Algunos de estos retornados terminaron pereciendo en la ciudad y fueron enterrados en el cementerio de Pereiró. Ignoro dónde enterrarán a las personas que murieron ahogadas en su intento de alcanzar la playa de El Tarajal en otro desastre nacional de proporciones históricas. Lo que sí sé es que, en un ejemplo de civismo casi heroico, cientos de ceutíes se han compadecido de muchos de los jóvenes y niños que invadieron su ciudad y, sustrayéndose a la indignación, el abandono y el miedo, se han volcado para proporcionarles alimento, ropa, protección e, incluso, cobijo bajo su propio techo. Al igual que en el escudo de Vigo, sería de justicia que quedase en el suyo constancia indeleble de esta muestra de humanidad. Juan José Lago Pereira. Ponteareas.