Reme Arias, maestra: «Para muchos niños el colegio es su refugio, donde se sienten seguros»

María Cobas Vázquez
maría cobas O BARCO / LA VOZ

O BARCO DE VALDEORRAS

Reme Arias elige como su rincón el aula de música del colegio, llamada Orfeón Valdeorrés
Reme Arias elige como su rincón el aula de música del colegio, llamada Orfeón Valdeorrés MIGUEL VILLAR

Contenta de haberse jubilado, reconoce echar de menos la sonrisa de los alumnos

23 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo de Reme Arias con la docencia no fue vocación. Porque aunque reconoce que fue tremendamente feliz trabajando como maestra, ella quería ser actriz. Cuando acabó COU soñaba con irse a Madrid a estudiar Arte Dramático con Adolfo Marsillach, pero su padre se negó en rotundo y la redirigió hasta Magisterio, la misma carrera que estaba haciendo su hermana mayor. Y nada de irse a cientos de kilómetros de casa, mejor en Ourense. Empezó también Geografía e Historia, pero llevar los estudios de ambas titulaciones al mismo tiempo se le hicieron mucho porque para entonces ya estaba casada y se centró en la primera.

Al acabar la carrera trabajó dos años en las oficinas de unos grandes almacenes en Ourense antes de regresar a O Barco de Valdeorras. «Me encanta vivir aquí», señala. Tras dar clase un curso en el colegio Divina Pastora, nació su hijo y se puso a dar clases particulares. Un tiempo después sacó las oposiciones. Estuvo en el Condesa Fenosa y en el Julio Gurriarán barquenses, y también en los centros de primaria de Larouco, Viana do Bolo, Manzaneda y Sobradelo. «Tengo recuerdos maravillosos de todos», explica. En el 1997 logró la plaza en el Otero Pedrayo de Viloira, donde se jubiló al rematar el curso pasado. Llegó como maestra de música, pero enseguida se convirtió también en la secretaria. «La directora me preguntó si sabía trabajar con ordenador y cuando le dije que sí me dio el cargo», recuerda. Cuatro años más tarde se convirtió en la directora y ahí se quedó hasta julio. «La primera vez me convenció la inspectora y después quise seguir yo porque siempre había algo que me animaba», reconoce.

Compaginó la docencia con la crianza de sus hijos. «Les inculqué los valores que me transmitieron mis padres: el sentido de la responsabilidad y la importancia de evitar el daño gratuito», resume. Reconoce que no siempre fue fácil, pero no puede estar más orgullosa de ellos. Presume de que se educaron en la pública y valora en positivo todos los servicios que ofrece O Barco. «Se puede ir andando a todas partes y tiene muchos servicios», señala, citando como un aliciente el conservatorio.

La música siempre ha sido fundamental en su vida. En el 2004 se incorporó al Orfeón Valdeorrés «y fue un renacer en mi vida». Asegura que desde el primer momento se sintió muy arropada por todos. Durante un tiempo también hizo teatro y recuperó así su vena artística. «En el colegio montaba muchos festivales con los niños y también actuábamos. Me sentí completa», dice.

Cada vez que piensa en su etapa docente, analiza si influyó bien para los niños. «Cuando le reñía a alguno, de noche siempre pensaba si lo habría interpretado bien», dice. Cuenta que en los colegios se invierte mucho tiempo en resolver enfrentamientos entre los pequeños. «Acoso siempre ha habido», señala. Explica también que en los últimos años se ha perdido el apoyo de las familias. «Si en casa se trabajara más el respeto, no habría tantos conflictos en el aula. ¡Tenemos tan interiorizado el insulto!», se lamenta. Se ha encontrado a muchos padres que piensan que los docentes están en contra de los niños —«y siempre estamos a su favor»— y que creen a sus hijos por encima de todo, sin escuchar a la otra parte. Considera que es una forma errónea de suplir la falta de tiempo que pasan con ellos. «Decir que no a un niño es complicado, pero es un trabajo de fondo. Hay cosas a las que no puedes decir que sí. A veces pienso que es mejor que llore un niño ahora a que lo hagan los padres más adelante», reflexiona. También sabe que muchos pequeños no tienen una vida perfecta en casa, ni nada similar. «Para muchos niños el colegio es su refugio, el lugar donde se sienten seguros», relata haciéndose eco de lo que le han contado varios que ahora ya son adultos. Y añade: «Los abrazos más sentidos nos los dan aquellos que siendo alumnos fueron los que más nos dieron la lata». Ella confía en haberles influido para bien. «Lo mejor de este trabajo es ver la sonrisa de los niños», resume.

Orgullosa de sus dos hijos y sus tres nietos, está feliz e ilusionada con su amor del instituto

Reme habla con orgullo de sus dos hijos, Luis y Ariadna; y de sus nietos, «tres niños maravillosos». Tener tiempo para estar con ellos motivó en gran parte la decisión de jubilarse. También pesó mucho en la balanza poder disfrutar más de su pareja. «Estoy muy feliz con el amor de mi vida», confiesa. Era una adolescente cuando se enamoró de su compañero de pupitre en el instituto. Tras décadas separados se volvieron a reencontrar hace un tiempo y tuvieron claro que querían estar juntos.

Dice que es maravilloso levantarse sin depender del despertador y tener tiempo para ella misma, sin obligaciones. Jubilada sí, pero no parada. Toca el piano, pinta, va a yoga y acude a los ensayos del Orfeón Valdeorrés. Apasionada del baile, tiene claro que acabará apuntándose a clases más pronto que tarde. «Lo que más me gusta es viajar», reconoce. Cuando no se va a Madrid o A Coruña para ver a sus hijos, aprovecha para descubrir nuevos destinos.

DNI

Quién es. Remedios Arias Prada nació en O Barco de Valdeorras en 1961.

A qué se dedica. Dedicó su vida a la docencia. Era maestra de música y completaba horas dando clases de Lingua Galega. También fue directora durante buena parte de su carrera.

Su rincón. El aula de música del CEIP Otero Pedrayo. «Es espectacular, enorme y preciosa, con 88 metros cuadrados», señala. Ella misma participó en su diseño.