¿Alguien ha visto a Jony?

Un ourensano busca a un loro Psittacus que perdió al salir volando asustado por un perro

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Tienen seis meses y hace tres que llegaron a la vida de Alberto Rodríguez. Son Aly y Jony, dos loros Psittacus grises de cola roja. Una especie africana en peligro de extinción que este ourensano, que reside en Vigo, ha criado. Por eso, la desaparición de uno de ellos el pasado viernes ha supuesto para él un duro golpe. Ahora lo busca y pide ayuda para que cualquier persona que lo encuentre lo traslade a algún centro de recuperación de animales. Alberto se los compró a una criador de O Rosal y cuenta con todos los permisos y licencias necesarias para su cuidado, por eso van anillados.

El pasado viernes visitó su casa natal en Salamonde, en el concello de San Amaro. Allí vive su familia y llevó con ellos a Aly y Joni. «Los loros siempre están conmigo, incluso cuando voy por la calle con ellos. Me confié y los llevé conmigo», explica. No esperaba que el perro de la familia ladrase y asustase tanto a los loros que salieran volando tan alto. « Yo no sabía que podían ir tan lejos», afirma. Tras buscarlos por el monte no fue posible encontrarlos, aunque más tarde alguien que encontró a Ali, en Ribadavia, la llevo a un centro de animales donde se pusieron en contacto con Alberto. Pero Jony sigue desaparecido. Según explica el dueño, son animales muy inteligentes, de los que más palabras aprenden. «Yo les dejo la televisión encendida y con seis meses ya saben decir hola, por ejemplo. Cuando llego a casa antes de verme ya me llaman con silbidos porque me reconocen por el olor y tengo uno que reconocen como una llamada para que vengan», afirma. Pero Alberto está muy preocupado porque Jony puede estar desorientado y no encuentre, por ejemplo, comida. Además, como son animales muy fieles, asegura que Ali también nota la ausencia de su pareja. «Les coges mucho cariño. A los dos les doy de comer papilla con una jeringa y forman parte de mi familia», dice el propietario. «Es más dócil que Aly, que es muy inquieta. Es muy bueno pero necesita tener confianza para dejar que alguien le toque, por eso e preocupa más. Yo solo espero que no se muera», dice.

La afición por estos animales de Alberto Rodríguez fue tardía. Descubrió a esta especie de loros que le apasionaron y se lanzó a su cría, no para hacer negocio, solo para cuidarlos y enseñarles. Por eso subraya que tienen una anilla que los identifica y que es primordial que si alguien lo encuentra no se la quite y pueda volver a sus manos.

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