Los «pensionados» más transgresores de los últimos dos siglos

Todo el arte rompedor y arriesgado tiene una muestra en el Museo de Pontevedra, que ayudó a artistas como Laxeiro o Colmeiro

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pontevedra / la voz

Ya en el siglo XIX la Diputación de Pontevedra ejercía de mecenas. Lo hacía con los artistas de la época que despuntaban y que tenían opciones de convertirse en grandes autores. Entonces, la institución provincial les subvencionaba sus estudios de arte. Casi dos siglos después, tiene nombre y bases de participación. Y es la única de toda Galicia que puede presumir de haber ayudado a principios del siglo XX a figuras que ya están consagradas como Laxeiro, Manuel Colmeiro, Maside o Uxío Souto. De todos ellos hay obras en el Museo de Pontevedra, el brazo sensible del ente pontevedrés.

Comparten paredes con algunas de las obras más rompedoras e innovadoras de los últimos 150 años. Aunque no lo parezcan. Porque muchas de las obras que desde la mirada del segundo milenio después de Cristo pueden parecer casi clásicas fueron en su momento expresiones vanguardistas de corrientes artísticas incipientes y, en algunos casos, muy cuestionadas en todo el mundo.

El Sexto Edificio sirve de refugio desde hace décadas a algunas de las propuestas más arriesgadas de su época, hasta el punto de que «a diversidade creativa que hoxe existe no mundo é a mesma disparidade creativa que se aprecia nos Novos Valores». Lo confirma Carlos Valle, director del Museo, con rotundidad y sin temor a equivocarse. El complejo pontevedrés es un fiel reflejo de la evolución que ha experimentado el arte moderno y contemporáneo. Sin paliativos, el termómetro que lleva siglos midiendo a la sociedad, sus inquietudes y expresiones.

No fue hasta la década de los ochenta cuando el certamen tomó forma, aprovechando la celebración de las bienales. Su resultado cogió tan por sorpresa a sus propios responsables que tras apenas cinco ediciones editaron un libro que, bajo el título Novos Valores, memorias de una década, evidenciaba cómo estaba cambiando todo a medida que se acercaba el final de siglo.

¿Beca o dinero?

Primero, desde sus inicios, antes de que nadie se diera cuenta de que estaba naciendo uno de los premios más accesibles para los talentos aún por explotar, en forma de pensionados o ayudas de estudios; más tarde, durante unos años -a principios de esta década- como una dotación en metálico de hasta 36.000 euros; y desde la pasada edición, aprovechando la celebración del Ano Castelao, nuevamente retomando el formato de beca de estudios artísticos -por valor de 7.500 euros cada una-, y añadiéndole el plus de poner formar parte de una muestra conjunta (que no colectiva) de los tesoros artísticos que quedan por llegar.

Solo en una aclaración insiste Valle: «Non son xóvenes valores, senón novos. Non importa a idade, só que sexa un talento por descobrir». Así, aunque puede que el concurso suene a nuevo, encierra, en realidad, mucha más historia y más lecciones de las que se enseñan en los libros.

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