«El TDAH es un problema, no una enfermedad»

El catedrático de la Universidad de Oviedo desmitifica el Déficit de Atención en la Semana de Filosofía


Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología en la Universidad de Oviedo, destapó ayer en la Semana Galega de Filosofía la controversia existente en torno al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Es coautor del libro Volviendo a la normalidad, en el que se desmitifica el TDAH como una enfermedad.

-¿El TDAH no existe?

-El TDAH no existe como entidad clínica con un diagnóstico de validez, ni ningún tipo de causa neurobiológica ni genética establecida. Por el contrario, ese supuesto trastorno se refiere a conductas muy características de los niños, algunas de las cuales pueden ser problemáticas para determinadas tareas o entornos. Pero el hecho de que haya conductas que supongan algún problema, no quiere decir que sean una enfermedad.

-¿Diría que es un problema normal de la infancia?

-Son problemas normales de la infancia que no dejan de ser problemas en la medida en que dificultan ciertas actividades de la infancia, pero los niños luego van a ser adultos y se espera que tengan un autocontrol, que sepan esperar, que no sean impulsivos... Y esto se aprende o no se aprende.

-¿El tratamiento médico del TDAH priva de ese aprendizaje?

-El tratamiento más frecuente consiste en la medicación y lo que hace esa medicación es aliviar los problemas que tienen los adultos con esos niños. No está curando una enfermedad que no existe, sino que está paliando o resolviendo molestias o perturbaciones que tienen los mayores con esos comportamientos infantiles.

-¿Detrás está el interés de la industria farmacéutica?

-Es más complejo que eso. El TDAH no fue inventado por la industria farmacéutica, aunque luego se aprovechó de ello, hoy más que nunca. El origen del llamado Trastorno por Déficit de Atención tiene que ver con una menor tolerancia social respecto de comportamientos normales de los niños que ahora se transigen menos en las aulas, donde se requieren unos niveles de rendimiento estándar o unas pautas de atención que a lo mejor algunos niños todavía no las han aprendido. En ese contexto de menor tolerancia llega una medicación que puede solucionar el problema de inmediato para la escuela y para la familia. A partir de ahí, la industria farmacéutica fue la más interesada en la etiqueta diagnóstica del TDAH como enfermedad para justificar la medicación.

-¿Hasta el punto de haberlo incluido en la LOMCE?

-Digamos que la industria farmacéutica ha sido muy influyente en las organizaciones de padres de niños diagnosticados con TDAH para que influyeran a su vez en los parlamentos y en los gobiernos, no solo de España, sino de la UE y, primeramente, en EE.UU, para incluirlo en las leyes como una necesidad especial. En el caso de la LOMCE es muy claro.

-¿Con el aval de expertos?

-Los parlamentarios no son expertos en esa temática, sino que reciben informes de expertos científicos, psiquiatras o psicólogos que lo avalan. Pero a menudo los propios expertos que avalan esas categorías diagnósticas tienen conflictos de intereses por recibir subvenciones y apoyos de laboratorios.

-¿Las asociaciones de niños diagnosticados son cómplices?

-No son cómplices voluntarios, ni desde luego malintencionados, para nada. Con las mejores intenciones, faltaría más, están influidos por la industria farmacéutica en la dirección de entender que los problemas que tienen con sus hijos son por una enfermedad tratable mediante medicación. Y quedan tranquilos, por así decirlo, con esa manera de entender el problema.

-¿Qué alternativa tendrían los padres para «volver a la normalidad» como definen en su libro?

-En primer lugar deberían ser muy escépticos con ese diagnóstico y la información que reciben. Pueden asumir que, efectivamente, ciertos comportamientos de sus hijos son un problema, pero no una enfermedad. Y deben analizarlo en el contexto familiar, social y escolar. Sería de gran ayuda que los padres recibieran entrenamiento sobre cómo abordar y mejorar el comportamiento de sus hijos a través de juegos y deportes que fomenten el autocontrol.

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