El incendio de Campolongo dejará a los vecinos medio año sin sus pisos

Afectados por el fuego de un edificio asumen que tardarán en volver a sus casas debido a las obras


pontevedra / la voz

El día 28 de enero no fue una jornada cualquiera en el edificio Los Uruguayos, ubicado en el número 3 de la calle Alfonso X, a tiro de piedra de la sede de la Xunta. A las 13.12 horas de ese domingo se dio aviso al 112 por un incendio en el inmueble. Vecinos de 74 pisos acabaron en la calle, algunos en pijama, mientras miraban con desesperación a la columna de humo visible desde toda la ciudad. Tras el susto, se comprobó que el fuego se había iniciado en el patio de luces, que la pared había quedado seriamente dañada y que los pisos de la puerta D eran los más afectados. Han pasado quince días desde entonces. El sofoco inicial ha remitido. Pero las consecuencias siguen ahí. Hay cinco familias que no regresaron aún a sus viviendas y algunas asumen ya que tardará meses en volver. «Parece increíble pero el fuego lo ha cambiado todo. De estar tranquilos en nuestras casas a tener la vida metida en cajas y vivir de prestado», decía ayer una afectada.

De las seis familias que vivían en los pisos más afectados, los de la puerta D, solamente una se quedó en el edificio. Lo hizo porque, tras pasar una primera noche de hotel, no tenía un lugar al que ir y regresó a Los Uruguayos pese a estar sin ventana y con los escombros por el suelo. Las otras cinco familias optaron por pedir refugio en casas de familiares. Y ahí siguen.

«Luz al final del túnel»

Ayer, vecinas como Ana Lorenzo o Marta Mateos señalaban que tenían un poco de esperanza, que empezaba «a verse la luz al final del túnel», porque al menos los peritos de unas y otras aseguradoras ya entablaron conversación y hay avances para que en breve empiecen las obras. El problema es que hay que actuar tanto en la fachada -que se supone que será la primera porque filtra agua a los pisos- y luego en cada uno de los inmuebles, donde es necesario recambiar las ventanas, pintar, levantar suelos y arreglar desperfectos variopintos.

En total, algunos de los afectados calculan que serán entre cuatro y seis meses de zafarrancho hasta que puedan volver a sus hogares. Hay algún propietario que, para intentar agilizar al máximo la vuelta a casa, ha pedido autorización para limpiar y poner ventanas nuevas, pagará esta mejora inicial con fondos propios y luego buscará la compensación del seguro. «En cuanto pongamos las ventanas nosotros volvemos, aunque luego tengamos que salir para levantar los suelos y pintar», decía una vecina.

En el ascensor del edificio Los Uruguayos, los vecinos que se cruzan no hablan del tiempo, como suele pasar en los elevadores de otras casas. En sus conversaciones aún sigue muy presente lo ocurrido en el incendio. «Tuve mucha suerte, mi piso está enfrente de los de la puerta D, que son los afectados, y justo nos libramos. Menos mal, porque es horrible. Veo a los que tuvieron daños entrando y saliendo con bolsas y con cosas y pienso que menudo problema», decía ayer a la mañana un vecino. Efectivamente, tal y como contaba este hombre, el trajín sigue siendo intenso en las casas más dañadas, donde propietarios y personal de limpieza se afanan en retirar cajas y recoger escombros. Ocurría así en el tercer piso. A media mañana, dos personas trajinaban con cajas, escobas y recogedores. El padre de la propietaria, de visita en la capital pontevedresa y escoba en mano, señalaba: «Aquí estamos, limpiando al fin el desastre. Hay que colaborar entre todos. La verdad es que da mucha rabia ver esto», indicaba.

Pese a no vivir en el inmueble debido a los daños sufridos, las familias afectadas vuelven prácticamente todos los días a buscar cosas a sus hogares. «Es una pesadilla, sobre todo los que tenemos hijos. Cada día te falta una cosa, echan de menos sus juguetes...», indicaba ayer una madre que, precisamente, volvía al inmueble a recoger unos libros y comprobar que la empresa de limpieza que está actuando en su vivienda seguía «tratando de poner en orden la vivienda».

Los vecinos que se quedaron temporalmente sin hogar señalan que están realojados en casas de familiares. Algunos incluso se plantearon buscar viviendas en alquiler durante los meses que duren las obras, pero indicaron que no lo tienen fácil para topar quien les rente una vivienda por un período tan corto de tiempo. No solo ellos han salido mal parados. Tampoco hay síntoma de reinicio de la actividad en el restaurante A Tasca, ubicado en la planta baja del inmueble y donde previsiblemente se originó el fuego. Está cerrado a cal y canto.

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