Diecisiete años de cárcel por el crimen de la desbrozadora

Se confirma la condena a José Luis Viéitez por el asesinato de su vecino, así como el intento de homicidio de la hija de este último a la que causó lesiones de gravedad


Pontevedra / La Voz

La Audiencia de Pontevedra, tras el veredicto de culpabilidad del jurado popular, ha condenado a diecisiete años de cárcel al autor del crimen de la desbrozadora de A Cañiza. De este modo, se confirma la condena a José Luis Viéitez por el asesinato de su vecino José Carlos Álvarez, así como el intento de homicidio de la hija de este último a la que causó lesiones de gravedad.

Los magistrados, según precisan desde el TSXG, han tenido en cuenta la existencia de una eximente incompleta al acreditarse en el encausado una «limitación parcial de las capacidades psíquicas» en el momento de ocurrir los hechos. Además de la pena de cárcel, se le impone el pago de una indemnización a la hija del fallecido de 300.000 euros; y, a la mujer de este, de 150.000 euros, la misma cantidad que a su hijo.

La sentencia acredita que víctima y verdugo mantenían «muy malas relaciones por conflictos de lindes y el uso de un camino que derivaron en denuncias mutuas». De este modo, aquel 17 de junio del 2017, José Luis Viéitez se encontraba con una desbrozadora encendida en el camino por el que mantenían disputas, de tal modo que padre e hija, al salir de su portal para dirigirse a una cuadra, se dirigieron hacia él.

Fue entonces cuando atacó a su vecino con la herramienta eléctrica para, acto seguido, acometer violentamente a la joven. El jurado entendió que, mientras el fallecido no tuvo capacidad de defensa alguna, sí la tuvo su hija, quien sufre graves secuelas.

En este punto, quedó acreditado, asimismo, que el acusado tiene «un coeficiente intelectual límite» y, de hecho, había estado a tratamiento psicológico y psiquiátrico por trastorno ansioso depresivo. A esto se suma que, como consecuencia «de la sostenida situación de hostilidad y conflicto con su vecino, así como de la agresión que sufrió por parte de este en el 2015, un trastorno postraumático que no estaba diagnosticado, pero que le hacía sentir miedo» del fallecido.

Este cúmulo de circunstancias le llevaron a percibir la presencia del fallecido y de su hija «como una amenaza» reviviendo aquel trauma «con un estallido de miedo y agresividad que le llevó a reaccionar contra ellos teniendo sus capacidades mentales parcialmente disminuidas». Precisan que, de forma severa, la capacidad para controlar sus impulsos y, de forma moderada, la de percibir la realidad y actuar en consecuencia.

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