«Cuando tuvimos el accidente, solo podía pensar en los perros»

Una pareja holandesa regresaba a su país cuando su furgoneta se salió de la vía y atascó la AP-9 al quedar sus 11 perros sueltos


pontevedra / la voz

«No estamos casados, pero él me salva la vida cada día». Suzanne Marks (55 años) se refiere a Christ de Waal (69), quien hace una visita diaria a la casa donde la mujer, que padece esclerosis múltiple, vive sola en Holanda. «Yo no me puedo mover. De no ser por Christ, me pasaría la vida en cama», asegura Marks. Por eso se pasan buena parte del año recorriendo Europa en una furgoneta, siempre acompañados de sus mascotas.

Luego de varios meses de periplo, se encontraban de regreso a casa cuando sufrieron un accidente el pasado 2 de agosto. El vehículo se salió de la vía y dio varias vueltas de campana en la AP-9, a la altura de Pontevedra. «Fue como una gran explosión», recuerda Marks, «el volante no giraba y los frenos no iban». La pareja acabó con heridas leves. «Lo primero en lo que pensé fue en los perros, absolutamente», confiesa Marks, quien pidió a un de Waal desorientado que bloqueara las puertas y cerrara las ventanas, en un intento frustrado de retener a los animales. Los 11 perros que viajaban en el remolque acabaron en la protectora Os Palleiros después de ser retenidos por la Guardia Civil. Además, consiguieron rescatar a dos de sus cuatro gatos, mientras que el otro fue encontrado sin vida. El restante continúa desaparecido.

Adopción con regalo sorpresa

Esta familia no era tan numerosa hasta hace cinco meses cuando, durante su estancia en Portugal, acogieron a dos perros vagabundos que enseguida trajeron al mundo a seis crías, a quienes los holandeses no dudaron en incorporar a la manada. «El plan era llevarlos con nosotros y encontrarles un hogar», cuenta Marks.

La pareja visita cada día a los perros en su pensión temporal, la protectora Os Palleiros, donde los canes comparten un habitáculo que los mantiene aislados del resto de los animales, «porque nos preocupa cómo podrían reaccionar», explica una de las voluntarias. Allí esperan pacientes su llegada, hasta que la huelen. Desde su cuarto se empiezan a oír ladridos histéricos que parecen clamar por el calor de sus dueños. «Siempre que venimos, lo saben antes de vernos y se ponen así», relata de Waal. Hasta que por fin los ven. Momento en el que, si bien dejan de ladrar, no se tranquilizan. Salen todos a la vez y emprenden una lucha desenfrenada por subirse al regazo de Marks. De Waal lleva la silla de ruedas de su compañera y la protege de los arrebatos cariñosos -pero torpes y de amor desmesurado- de sus mascotas, que se suben por todas partes escalando el cuerpo de la mujer, ya desaparecido entre lametones y abrazos peludos. «Los seis cachorros apenas tienen cuatro meses, entonces no hemos podido educarlos», lamenta Marks, como quien excusa a sus hijos adolescentes por su comportamiento reprochable.

No sin su gato

Los 11 tienen carácter, y todos están bien. Pero se alteran ante la presencia de desconocidos. Disfrutan cada instante de la visita de sus dueños y los echan de menos nada más salir por la puerta. Aunque las visitas son diarias, los cuidadores de Os Palleiros no se acostumbran a tal caluroso recibimiento, una imagen que califican de impactante. «Esto es amor por los animales», observan desde la protectora, «nunca vi algo así».

Desde Holanda, el seguro ya ha enviado un nuevo vehículo para su regreso. Pero no piensan marcharse hasta estar de nuevo al completo, afirma Marks, tajante. «Lo primero que hicimos cuando nos trajeron el coche fue volver al lugar del accidente para buscar al gato», su felino de piel atigrada. Los holandeses han emprendido una búsqueda exhaustiva entre la carretera y la pega de carteles con la foto del animal. Localizar su paradero es lo único que les retiene aquí, de momento «indefinidamente».

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