Pedro Oyarbide: «Ilustrar 'El Principito' es un reto porque es un libro que está en el imaginario colectivo»

PONTEVEDRA

CEDIDA

El artista madrileño es internacionalmente conocido por ser el portadista de las novelas de la saga «Blackwater» y de la recientemente publicada «Hija de la venganza», todas ellas de Michael McDowell

23 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Mundialmente conocido por las portadas de la saga Blackwater o más recientemente la de Hija de la venganza, todas ellas novelas de Michael McDowell, Pedro Oyarbide ha culminado con El Principito su primer libro ilustrado. «Habrá más —añade—. Estoy haciendo también con Lunwerg otro título. El problema es que no puedo revelar todavía el nombre, pero saldrá en la primavera de 2026. Es un poemario, eso sí que lo puedo adelantar, y de un poeta español, pero no puedo dar más datos. También estoy trabajando en un proyecto muy interesante para el veinticinco aniversario de la obra de un autor contemporáneo muy famoso, que tampoco puede decir aún el nombre, pero que va a ser, yo creo, un antes y un después en mi carrera porque es un proyecto enorme. Este proyecto es con Planeta y va a ser para finales del 2026 y es totalmente ilustrado por dentro», remarca.

—En todo caso, ¿cómo le llegó el proyecto de «El Principito»?

—Estaba trabajando con Lunwerg, la editorial, en otro proyecto, un libro que al final hemos puesto en stand by porque pasaron a dominio público los derechos de El Principito. Hasta entonces nadie podía haber ilustrado el libro a su estilo, siempre las ediciones tenían las ilustraciones originales de Saint-Exupéry. Al haberse liberado los derechos surgió la idea de que hubiera nuevas versiones. Me lo propusieron y, como había que adelantarse a otras editoriales, nos pusimos manos a la obra. La verdad es que fue un proceso muy rápido, de cuatro o cinco meses.

PEDRO OYARBIDE

—¿Qué es lo más complicado de interpretar un clásico?

—Te dicen El Principito y enseguida lo relacionas no solo con la historia, sino con las ilustraciones originales, esas acuarelas así como aniñadas, un poco naíf. La dificultad era cómo llevarlo a mi estilo y que siguiera manteniendo el sentido y la estética un poco conectada con el original, pero desde una perspectiva completamente diferente. Creo que nos hemos alejado un poco de ese aire aniñado. Mi estilo es un poco más recargado, en algunos casos un poco más maduro que el original, pero mi idea no ha sido nunca hacerle sombra, ni reinterpretarlo, sino dar mi versión. Obviamente, el original es el que prevalece y prueba de ello es que sea un libro que está vigente después de ochenta años de su publicación. Ha sido un honor el haberlo hecho, aparte de un reto.

PEDRO OYARBIDE

—En todo caso, hay que dejar claro que los textos no se han tocado, solo las ilustraciones.

—Exacto. Y hemos mantenido bastante la iteración entre texto e ilustración del original. Hay, más o menos, el mismo número de ilustraciones y muchas de ellas son una reinterpretación bastante literal de las que había y en otras he aportado yo mi visión. El texto se mantiene al 100% y las ilustraciones es lo que lo que hemos actualizado.

—Ha coincidido la salida del libro con el 120 aniversario del nacimiento de Saint-Exupéry.

—Sí, sí. La verdad es que era idóneo, imagino que comercialmente también, a las editorial les viene bien eso.

—¿Qué destacaría del libro?

—Es un libro que conecta tanto con un niño de 8 años como con un adulto de 40, 50, 60 o 70 años. No está encasillado, pese a que tiene ese aire un poco naíf. Es una historia que creo que da igual la edad en la que la leas que vas sacando nuevas lecturas y tiene algunas partes que probablemente un niño ni capta. Hay unos problemas existenciales bastante potentes. Para mí lo difícil ha sido ver qué tono utilizar con las ilustraciones y aunar todo el estilo en algo que tuviera sentido y que también me hiciera sentir que estaba haciendo algo con lo que estuviera orgulloso, no que fuera simplemente un encargo para rellenar páginas por rellenar, quería que tuviera un significado. En algunas [ilustraciones] he releído un montón de veces los pasajes para ver cómo podía aportar algo nuevo o meter ciertos simbolismos que en las originales no estaban. Sí que ha sido un trabajo de leer varias veces el texto. He de confesar que no me había leído El Principito antes de hacerlo. Siempre me había causado rechazo. Es un libro que había estado en mi casa y lo había ojeado un montón de veces, pero nunca me había parado a leerlo. Precisamente porque no conectaba con la estética y ha sido ahora cuando me lo han encargado que lo leí, me encantó y entiendo por qué para tanta gente es su libro de cabecera o le tiene tantísimo cariño. También el reto, por otra parte, era ese, que es un libro que la gente tiene muy presente y quería hacer algo que la gente que era realmente fan de El Principito pudiera aceptar.

—¿Y lo aceptaron?

—He de decir que en alguna presentación vinieron grupos de coleccionistas y los elogió estuvieron ahí. Estoy muy orgulloso de que gente superfan de El Principito haya aceptado o le guste mi versión.

PEDRO OYARBIDE

—En estos momentos podemos encontrarle en las librerías por partida doble, con «El Principito» y con «Hija de la venganza».

—Sí. Para la edición francesa sí que he hecho ya varios títulos de McDowell que no han salido en castellano aún, pero el que acaban de traer Blackie Books es Hija de la venganza. He ilustrado la portada y la contraportada siguiendo el estilo y la esencia de lo que hice con Blackwater. Son ilustraciones muy complejas, como muy intrincadas, con mucha ornamentación, que es un poco lo que fue el éxito de mis portadas de Blackwater. Es un libro que creo que ha quedado muy bien a nivel estético, aparte que la historia es brutal. La historia mola mucho.