La primera y última foto en Galicia de un matrimonio cubano con dos niñas: «Mi mujer murió con 46 años nada más llegar. Estamos viviendo una película»

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Rafael, Yamika, fallecida hace catorce días, y sus dos niñas, que tienen 8 y 16 años.
Rafael, Yamika, fallecida hace catorce días, y sus dos niñas, que tienen 8 y 16 años.

La historia de Rafael, Yamika y sus hijas es triste, ya que vinieron a España para intentar salvar a la madre, enferma del corazón, y la perdieron poco después de aterrizar. Pero también rezuma amor por cómo algunos gallegos, entre ellos un gestor pontevedrés, remueven cielo y tierra para ayudarles

13 ene 2026 . Actualizado a las 19:27 h.

Rafael Ferradás, cubano de nacimiento pero bisnieto de un gallego del municipio pontevedrés de Dozón que a principios del siglo pasado emigró a Cuba buscando porvenir, siempre soñó con Galicia. Quería viajar a la tierra de sus antepasados y, como no podía hacerlo, buscaba todas las formas posibles de saber de ese lugar soñado: «Desde Cuba, leía La Voz de Galicia todos los días, me mantenía al tanto de lo que pasaba aquí», cuenta sin reprimir la emoción. Leyendo el periódico, precisamente, se sentaron los cimientos de una historia que, como él dice, «es de película y merece ser contada». No es un relato fácil. A contrario, resulta tremendamente triste. Pero también esconde una gran historia de amor y solidaridad por parte de algunos gallegos. Rafael, que ahora está en Galicia, la cuenta entre sollozos, sin reprimir el llanto por la desgracia que acaba de vivir, ya que hace catorce días, aquí, en las tierras gallegas, murió su esposa, Yamika, madre de sus dos hijas. Tenía solo 46 años de edad. 

Volvamos a ese momento en el que Rafael, que de joven trabajó en la construcción y luego se empleó durante treinta años en el comercio cubano, vivía con su mujer y sus hijas en la ciudad de Cienfuegos. Allí estaba, leyendo el periódico gallego como cualquier otro día, cuando le llamó la atención una información en la que un gestor inmobiliario de Pontevedra. Agustín Pacheco, con miles de seguidores en las redes sociales y especialista en vender casas de aldeas, contaba que hasta le llamaban cubanos para que les intentase poner en el mercado sus propiedades. A Rafael se le encendió la bombilla y contactó con ese gestor pontevedrés: él también quería vender su casa en Cuba y tratar de emigrar a España.

Agustín le explicó que esa operación le parecía imposible, que creía que no iban a surgir compradores. Entonces, Rafael se sinceró con él, tal y como cuenta el propio Agustín desde Pontevedra, también emocionado con esta historia: «Me dijo que su mujer tenía una enfermedad del corazón y que necesitaba ser operada, que por eso querían venir a España. A mí me partió el alma la historia. Me parecía buena gente y sentía que había que ayudarles». El tiempo apremiaba ya que Yamika llevaba una especie de marcapasos que estaba obsoleto y en Cuba no podían cambiárselo: «Allí no tenía ninguna posibilidad», cuenta su marido. Así que empezaron a urdir el viaje a España, concretamente a Galicia, aprovechando que Rafael había logrado los papeles españoles por sus antepasados gallegos. No les alcanzaba el dinero para los pasajes y un familiar les ayudó desde México. El gestor, Agustín, desde aquí, se ponía a su servicio para mover ficha y que lograsen encontrar casa y trabajo a su llegada. De la alegría con la que viajaron dan testigo las fotos que se hicieron en el vuelo los cuatro juntos o las últimas instantáneas despidiéndose de Cuba, con toda la familia sonriendo a la vez. 

Rafael Ferradás y Agustín Pacheco, el gestor inmobiliario de Pontevedra que le está ayudando.
Rafael Ferradás y Agustín Pacheco, el gestor inmobiliario de Pontevedra que le está ayudando.

A Yamika le pusieron una especie de desfibrilador para que pudiese viajar. Rafael lo cuenta así: «El único aparato que conseguimos era de un fallecido. Se lo colocaron a ella y con ese equipo voló hasta España». Aterrizaron aparentemente bien en Madrid, el día 14 de noviembre, los cuatro, Rafael, Yamika y sus hijas, de 16 y 8 años. Y luego cogieron un tren con la intención de llegar hasta Sarria, donde una amiga cubana les iba a dar alojamiento mientras ellos no tuviesen otro techo en Galicia. Pero en el viaje en ferrocarril todo cambió. «Mi mujer se empezó a poner mala y en el tren viajaba una sanitaria. Cuando íbamos a arrancar desde Ourense ella logró que parasen. Nos dijo que había que evacuar a Yamika, que de lo contrario no iba a resistir». Lo que vino a continuación impresiona. A la mujer la ingresaron en la UCI del hospital de Ourense y, ante la gravedad de su estado, fue derivada después a A Coruña. Murió a los 33 días de haber pisado suelo español y sin haber salido del hospital: «No llegó a estar ya en ninguna casa, no pudo hacerse nada. Se puso muy malita y no hubo manera», dice Rafael. 

Podría pensarse que Rafael se vio entonces solo en Galicia con dos niñas. Pero él dice que eso no es cierto. Y que ahí entra la parte bonita de la historia: «No tengo palabras para agradecer lo que hicieron y todavía están haciendo por nosotros muchos gallegos, solo puedo ponerles en un pedestal», señala. Luego, recuerda que cuando paró el tren y se llevaron a su mujer al hospital él recurrió a dos personas: a Agustín, el agente inmobiliario pontevedrés, y a Yadira, la amiga cubana que iba a acogerles en Sarria. El primero hizo público su caso a través de las redes sociales y provocó una ola solidaria. Y la segunda envió a Luis, su pareja, a Ourense para que recogiese a las crías y las llevase a Sarria. Se hicieron cargo de ellas mientras su padre acompañaba a su madre en el hospital. 

Yamika, su madrido y sus hijas con un amigo en Cuba, el día que se despidieron de la isla antes de venir a España.
Yamika, su madrido y sus hijas con un amigo en Cuba, el día que se despidieron de la isla antes de venir a España.

Agustín, desde Pontevedra, reconoce que mientras Rafael le iba contando que su mujer empeoraba y que la trasladaban a A Coruña cada vez sentía mayor necesidad de ayudarle. Toda su familia se implicó, llegaron a viajar hasta la ciudad herculina y empezaron a prepararlo todo por si pasaba lo que finalmente ocurrió: que Yamika murió con solo 46 años. Gracias a todas las personas citadas y también a Javier, el párroco venezolano de Sarria o a María y Florita, voluntarias de Cáritas, se fue tejiendo una red de apoyo para Rafael y sus niñas, que de momento están viviendo en la casa de su amiga cubana pero que, si nada se tuerce, pronto tendrán su propia vivienda. Azuzados por Agustín, que no dejó de poner voz a esta historia ante sus miles de seguidores en las redes, todo el mundo trató de echarles una mano. Así entraron en escena personas como Elio, que tiene una empresa en las tierras lucenses y que le acaba de hacer un contrato laboral a Rafael para que pueda ganarse la vida. O también Óscar, el responsable de la funeraria que se hizo cargo de los restos de Yamika, que no les cobró por los servicios y que se preocupó de ver con qué tipo de seguro cuentan por haber viajado recientemente. Así que Rafael está tan triste como agradecido. Una y otra vez pide que se cite a todos los «ángeles» aparecidos en el camino. «No hay palabras, esto parece una película. Estoy agradecido a todos los gallegos, especialmente a Agustín de Pontevedra y a la gente de Sarria, sin ellos no sé lo que hubiese pasado. Si estuviese yo solo no me preocuparía tanto, pero mi desvelo eran las niñas. De verdad que no tengo palabras. Agustín, por ejemplo, es ya como mi hermano o mi padre, le debo tanto...».

Rafael explica que las dos menores de edad ya han sido escolarizadas. Él, si nada se tuerce, empieza a trabajar de forma inmediata en una fábrica. Y están pendientes de que les confirmen si les alquilan un piso en Sarria, ahora que él ya cuenta con un contrato laboral. Lo que se se puede solucionar, parece que está en vías de hacerlo. Lo otro, ese duelo que les toca pasar por su esposa y madre, es otra historia. Toca vivirlo y esperar a que algún día duela menos.