Adiós a la Peixiña das Pedreiras, una matriarca siempre sonriente

Pese a los achaques, hace unos meses había celebrado con alegría sus cien años


pontevedra / la voz

Se llamaba Adoración Pérez. Pero eso solo era en los papeles. Ella, en realidad, era Aurora A Peixiña das Pedreiras o Tirori -un nombre cariñoso que salió de tía Aurora-, toda una matriarca a la que ayer su familia dio el último adiós en Marín. Tirori no debió de tener una niñez fácil. Su madre murió en una epidemia grande de gripe cuando ella solamente tenía ocho meses. Criada por su abuela, se convirtió en una mujer tan fuerte como tierna. Dicen quienes la querían que siempre tenía una sonrisa y una palabra amable. Le gustaba estar en casa, donde trabajó duro, por ejemplo, limpiando el pescado que traían sus familiares, muy ligados al mar. También tenía mano con las labores. Hacía patucos para bebés tejidos con lana y cariño que regalaba a sus familiares. Tuvo achaques de salud. Pero, al parecer, se sobrepuso de varios. Se fue con los cien años cumplidos y el amor de los suyos.

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