Alberto Parafita: Un rianxeiro en la vanguardia de la oftalmología

Su tesis doctoral, una investigación sobre una moderna tecnología láser, recibió la calificación «cum laude»


ribeira / la voz

Desde joven, Alberto Parafita Fernández (Taragoña, 1988) se había ido formando una imagen de sí mismo en el futuro como arquitecto. A los 17 años, viajó a Pamplona para hacer las pruebas de acceso a la Universidad de Navarra. Justo antes de entrar, reparó en unos estudiantes que dibujaban concentrados en el bloc de notas. Cuando salió, cuatro horas más tarde, observó que los alumnos seguían en el mismo sitio e intuyó que quizás ese no era el oficio que deseaba para él.

Entonces fue cuando al rianxeiro se le abrieron los ojos ante algo que siempre había estado presente y se respiraba cada día en su hogar: un padre oftalmólogo, una madre farmacéutica y una vocación imparable por la medicina. Y sí, claro que se quedó en aquel prestigioso centro universitario estudiando esa carrera, pero lo realmente importante es que nunca dejó de hacerlo cuando se licenció.

En la actualidad, Alberto Parafita ha hecho honor a la reputación de su padre, y se ha convertido en un brillante oftalmólogo, que compagina su trabajo en el Complexo Hospitalario de Pontevedra (CHOP) con el que realiza en las modernas instalaciones de la clínica familiar, todo un referente en la comarca desde hace más de un cuarto de siglo. Además, el profesional acaba de presentar su tesis doctoral, un trabajo de investigación que fue merecedora de la mayor calificación, cum laude, sobre una avanzada tecnología láser.

Abrir los ojos

«La oftalmología tiene una ventaja, entre otras, que comparte, por ejemplo, con la otorrinolaringología o la urología; el carácter médico-quirúrgico. Es decir, el problema que ves en la consulta a veces puedes solucionarlo con un tratamiento o una intervención», explicó Parafita del motivo de por qué se inclinó la balanza a este ámbito sanitario, y por lo que durante su etapa universitaria se centró en conocer el máximo número posible de especialidades médicas, realizando prácticas.

Este fue uno de los grandes motivos que provocaron que cuando estaba preparando el MIR tuviese claro que si no entraba en oftalmología lo repetiría. No fue el caso y escogió como destino Pontevedra porque solo habría un residente de su área, él. Y esto significaba que podría empaparse de conocimiento al tener disponibles todas las intervenciones.

«En oftalmología el residente es un lienzo en blanco», explicó el doctor Parafita del ingente volumen de conocimientos con el que cuenta la titulación y todo el trabajo clínico que hay que realizar para lograr una buena formación. Por eso es imprescindible destacar que el barbanzano finalizó la especialidad en 2017, pero desde entonces ha publicado más de una decena de artículos de investigación en medios especializados internacionales, ha asistido a congresos por todo el mundo y se doctoró con honores.

La investigación

Precisamente, la faceta investigadora de Alberto Parafita se desarrolló con fuerza cuando hizo una rotación en Madrid durante su época de residente. Allí participó en los estudios del catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares Miguel Teus, experto en cirugía refractiva, y donde se familiarizó con los dispositivos láser que constituyeron la médula espinal de su tesis. Además, continúa vinculado con el grupo de trabajo que dirige Teus.

Es complicado hacerse una idea de la precisión que requieren algunas intervenciones, que en muchas ocasiones se califican de simples, como la eliminación de una catarata. A través de una minúscula incisión de unos dos milímetros en el ojo, deberá retirar una acumulación de proteínas con forma de lenteja, para sustituirla por una lente. Y si el paciente reúne las condiciones necesarias, ese cristal puede estar preparado para eliminar la presbicia o el astigmatismo.

Como todos los médicos, el tiempo libre de Alberto Parafita no abunda y cuando no está en el CHOP o en la clínica lo invierte en seguir formándose. ¿Que cuál es el premio? El rianxeiro piensa, serio, para responder con una sonrisa que no hace mucho, en una guardia, le llegó un paciente que se había perforado el ojo en una viña y ahora se está recuperando. Quizás por historias como estas quiso convertirse en el guardián de nuestras miradas.

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