Viajan desde Ourense o Ferrol para poder hacer el examen de selectividad adaptado en el CRE de la Once de Pontevedra

A. Davila PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Candela y Esteban, dos de los alumnos que hicieron la prueba de selectividad en el CRE de la Once en Pontevedra
Candela y Esteban, dos de los alumnos que hicieron la prueba de selectividad en el CRE de la Once en Pontevedra ADRIÁN BAÚLDE

Procedentes de distintos puntos de la geografía gallega, estos alumnos forman parte de un grupo que, pese a la adversidad, cuenta con las herramientas necesarias para que su talento no quede oculto

02 jun 2026 . Actualizado a las 17:52 h.

Mientras la mayoría de los estudiantes gallegos se enfrentan a la PAU en sus centros de referencia, otros doce jóvenes han tenido que realizar un viaje previo hasta el Centro de Recursos Educativos (CRE) de la ONCE en Pontevedra. Procedentes de distintos puntos de la geografía gallega, estos alumnos forman parte de un grupo que, pese a la adversidad, cuenta con las herramientas necesarias para que su talento no quede oculto.

Esta atención específica es un pilar fundamental en Galicia, donde las necesidades educativas especiales han experimentado un crecimiento notable. Según los datos aportados por el presidente de la CIUG, Iván Area, el porcentaje de estudiantes que precisan apoyo ha pasado del 1,67 % en 2021 al 4,65 % en la actualidad. «Triplicamos a porcentaxe de alumnado que necesita adaptacións», explica Area, quien subraya que el compromiso debe ir más allá de los días de examen: «Creo que sería de xustiza facer un chamamento á necesidade de atender estas necesidades durante todo o seu período educativo».

Para estudiantes como Candela, que se ha desplazado desde Ferrol, el reto no es solo el examen, sino el aislamiento. «Es bastante duro porque no están aquí ni mis amigos, ni mi familia», confiesa. Candela, que precisa de una adaptación visual importante, incluyendo folios en formato A3, cuadernillos específicos y lupas, se siente cómoda en el entorno de la ONCE, aunque reconoce que la presión es alta: «Me tomo como dos bolsas de tila por la mañana, creo que ahora dos por la tarde, y para dormir otras dos». Su meta es clara: estudiar Derecho en Santiago.

Desde Ourense llegó Esteban, quien ha tenido que realizar un largo periplo entre autobús y taxi para llegar a la prueba. Para él, la tecnología es la llave que iguala el terreno de juego. «Necesité hacer el examen al ordenador y básicamente la adaptación de tiempo», explica tras concluir una prueba que, según comenta, le resultó más asequible de lo esperado. Sus planes de futuro pasan por cursar ADE e informática en su ciudad.

Aunque el centro de la ONCE es el referente para casos de alta complejidad, la realidad de la PAU en Galicia es mucho más amplia. En total, hay 625 estudiantes en toda la comunidad que requieren algún tipo de medida de apoyo, ya sea por dislexia, TDAH, trastornos del espectro autista, discalculias o disgrafías.

Iván Area aclara cómo funciona el sistema de justicia académica: «O alumnado que necesita adaptacións está sendo atendido durante as probas e logo a única cuestión que se ten en conta á hora de corrixir é a dislexia». En este último caso, se aplica una corrección diferenciada en la ortografía, computando solo una de cada tres faltas.

El presidente de la CIUG subraya que este esfuerzo organizativo es vital para garantizar la igualdad de oportunidades: «Todo ese alumnado está sendo atendido nestes días para a realización das probas». Un despliegue que permite que, independientemente de las barreras físicas o cognitivas, el esfuerzo de jóvenes como Candela y Esteban pueda ser evaluado con la misma vara de medir que la del resto de sus compañeros.