Cada vez más voces ven una sobreestimación en una tecnología que todavía no genera beneficios, pero que sigue captando ingentes sumas de capital por el miedo de los inversores a quedarse atrás
03 feb 2026 . Actualizado a las 13:22 h.Explican los expertos que la bolsa se anticipa, entre seis meses y un año, a lo que ocurrirá más tarde en la economía real. Si prevé una subida de los tipos de interés, el valor de la banca crecerá; si espera que la inflación constriña el gasto de las familias, las compañías de viajes, cruceros, ropa y alimentación caerán. A Warren Buffett le apodaron el Oráculo de Omaha por su capacidad para adelantarse al futuro. ¿Cuentan los inversores de Wall Street con una bola de cristal? Las crisis que atraviesan sistemáticamente los parqués invitan a creer que no, pero los éxitos más aplaudidos siempre están directamente ligados a la capacidad de ciertos visionarios para anticiparse al futuro. Quienes compraron acciones de Nvidia hace cinco años han visto cómo su apuesta se ha multiplicado más de un 1.000 %. Detrás de esa llamativa cifra se encuentra la fiebre de la inteligencia artificial (IA), que ha disparado la valoración de la compañía de tarjetas gráficas (GPU) más importante del planeta, cuyos dispositivos son claves para la construcción de los centros de datos que dan vida a la IA.
¿Está justificado que Nvidia sea actualmente la empresa más grande del mundo con una capitalización de 4,6 billones de dólares? Cada vez más voces comienzan a airear sus dudas. Hace días se conocía que Amazon estimaba que ChatGPT tenía un valor de 830.000 millones de euros, aunque su matriz, Open IA, sigue en números rojos y no prevé lograr beneficios al menos hasta el 2030. Recientemente, la firma anunció su intención de invertir 1,3 billones en la construcción de nuevos data centers, que por el momento no resultan rentables. El director general de Nvidia, Jensen Huang, ha frenado una apuesta de 100.000 millones en esa misma empresa porque tiene dudas sobre su funcionamiento interno, algo que ha llegado a justificar por «falta de disciplina».
El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) fue el encargado de encender las alarmas en relación con la IA. Lo hizo a través de un estudio en el que se aseguraba que el 95 % de las compañías que habían invertido en esta tecnología no habían percibido rendimientos tangibles. En el trabajo se analizaron 300 implementaciones tecnológicas, se realizaron 150 entrevistas a líderes empresariales y se remitió una encuesta que contestaron 350 empleados. ¿El resultado? Solo el 5 % de las firmas consiguieron convertir sus inversiones, en las que destinaron entre 30.000 y 40.000 millones, en ingresos rápidos. ¿Sirvieron para algo?
El director general de Google, Sundar Pichai, llegó a afirmar que ninguna empresa saldrá indemne del bum bursátil que ha avivado la IA. El pasado verano, su homólogo en ChatGPT, Sam Altman afirmó que «alguien va a perder una cantidad ingente de dinero». En un congreso celebrado recientemente en Barcelona, Christo Buscheck, premio Pulitzer, aseguró que algunas de las grandes empresas de IA «son extremadamente deficitarias. Es una industria muy especulativa». ¿Estamos a las puertas de una segunda burbuja similar a la de la puntocom? Si la IA no logra aumentar la productividad como promete y todos los inversores esperan, ¿los miles de millones invertidos en centros de datos caerán en saco roto? ¿Seguirá Nvidia manteniendo su valor de 4,6 billones de dólares? ¿Veremos a un nuevo Sam Bankman-Fried? El considerado el Rey de las Criptomonedas, cuya plataforma de compraventa de dinero digital, FTX, se declaró en bancarrota en el 2022, provocando pérdidas millonarias en todo el planeta y condenándolo a la cárcel. Cada vez más voces empiezan a temer un final similar.