La tormenta perfecta sobre la red social X: «deepfakes», orientación política y posible engaño a los accionistas
RED
La plataforma que compró Elon Musk en el año 2022 acumula polémicas bajo el mando del multimillonario sudafricano
07 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La red social Twitter fue creada en Estados Unidos en el año 2006, antes de la era de los smartphones. Pronto logró popularidad, pero no eclosionó hasta la segunda década del siglo cuando cambió su enfoque principal. Con la mudanza del «¿Qué estás haciendo?» al «¿Qué está pasando?» llegó a mover el mundo, a convertirse en una gran plaza para la discusión pública. Tuitear entró en el Diccionario en el 2017, un año después del brexit y de la primera victoria de Donald Trump en Estados Unidos. En ambos hitos jugaron un papel muy polémico las redes sociales, que empezaron a estar cuestionadas por diversos motivos, pero que siguieron acumulando poder e impacto. Se convirtieron en armas políticas de primer nivel.
Es en este escenario cuando se produce la compra de Twitter por Elon Musk. El polémico empresario sudafricano, entonces muy alineado con Donald Trump, dejó claro desde el principio que no iba a mantener la estructura y estándares de funcionamiento de la vieja red del pajarito azul. Entró en las instalaciones con un lavabo bajo el brazo. Destituyó a casi toda la cúpula y provocó una estampida de empleados.
Tres años y medio después de su , Twitter mantiene cientos de millones de usuarios, pero ha perdido gran parte de su influencia (se han ido muchos usuarios no contentos con el protagonismo extremo de Musk y su algoritmo), mucho valor y ni siquiera conserva su nombre original. Ahora se llama X. Y no para de acumular controversias.
Engaño a los accionistas de Twitter
Un jurado de San Francisco dictaminó el 20 de marzo que Musk engañó intencionadamente a los accionistas de Twitter al publicar mensajes en los que afirmaba que en la red social había demasiadas cuentas falsas, para intentar retractarse del acuerdo de compra original y adquirirla a un precio inferior a su oferta inicial (más de 40.000 millones de dólares). El sudafricano va a recurrir el fallo, pero también debe prepararse para otro juicio en Washington D.C. vinculado al mismo proceso de adquisición.
Las imágenes sexualizadas de Grok
Cuando una inteligencia artificial opera sin límites, el resultado es calamitoso. Grok, el asistente desarrollado por las compañías de Musk, produjo más de tres millones de imágenes sexualizadas alterando fotografías reales de personas, sobre todo de mujeres, y con muchos casos de menores (deepfakes). X tuvo que anunciar medidas para limitar las capacidades del chatbot.
El check azul engañoso
La Comisión Europea impuso el 5 de diciembre del 2025 una multa de 120 millones de euros a X por varios incumplimientos de su regulación sobre servicios digitales. La más llamativa hacía referencia al check azul. Cuando era Twitter, esa insignia identificaba a personajes públicos o instituciones. Musk cambió el sistema. Ahora solo hay que pagar para poder exhibirlo. Y Bruselas lo considera una práctica engañosa. Sostiene que ha transformado una herramienta de autenticidad y verificación en algo comercial. Eso supone que otros usuarios están más expuestos a estafas, suplantaciones de identidad y otros fraudes.
El algoritmo conservador
Hay dos formas básicas de navegar por X. La recomendada por el algoritmo -llamada «Para ti»- y la que pueden activar los usuarios para seguir de forma cronológica los mensajes de las cuentas a las que siguen. Según una investigación publicada por la prestigiosa revista Nature, el algoritmo de la compañía de Elon Musk tiene un marcado sesgo conservador.
El informe, realizado por un equipo internacional de científicos de Italia, Suiza y Francia a partir del estudio de 5.000 cuentas de usuarios de Estados Unidos durante el verano del 2023 (Seis meses después de la adquisición de Twitter por parte del sudafricano), reveló que las personas asignadas al muro algorítmico interactuaron más con la plataforma, adoptaron opiniones políticas más cercanas a la derecha y tendían más a seguir a los activistas políticos conservadores. Su conclusión no deja lugar a dudas: «los algoritmos moldean de manera significativa las actitudes políticas». Y el de X escora mucho hacia la derecha.