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Los reguladores alertan del uso de la IA para presionar y controlar a las plantillas
07 may 2026 . Actualizado a las 11:17 h.Con la inteligencia artificial cada vez más integrada en los procesos de trabajo, llegan datos que desafinan en el entorno de bondades que ofrece la tecnología. Los primeros tienen que ver con los 80.000 puestos de trabajo que se ha llevado por delante la IA en lo que va de año. Los segundos, con la vigilancia y la presión constante que está imponiendo la tecnología a los trabajadores. Es el llamado látigo digital, o digital whip, la expresión usada para describir el proceso que hace que los avances, en lugar de liberarnos, nos atrapen. Ese látigo digital se refiere a las conexiones. Que el teléfono móvil imposibilite la desconexión fuera de la jornada laboral o la presión de responder a cualquier comunicación cuando estás trabajando.
En otros ámbitos, como la gig economy -ese trabajo bajo demanda y en muchos casos de freelancers que han implantado gigantes como Uber, Glovo o Amazon- tiene que ver con cómo las plantillas viven monitorizadas. En los casos de delivery, se aplica a que el sistema puede penalizarte en puntuaciones o ingresos si no entrega un paquete a tiempo. Si hablamos del trabajo en remoto, existen softwares de vigilancia que rastrean los movimientos del ratón, los tiempos de inactividad e incluso hacen capturas de pantalla. Algunos sistemas de IA analizan el tono de voz durante las reuniones telemáticas para percibir el tipo de atención del interlocutor y, en logística, se llega a controlar cuánto tiempo pasa entre el movimiento de un paquete u otro.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) publicaba en febrero una guía para redefinir las reglas del juego para desarrolladores y empresas. Aunque la IA agéntica promete «una explosión de productividad», esta no puede realizarse «a costa de la pérdida de control sobre nuestra información personal», explicaban. Recuerda que los agentes suelen tener acceso a múltiples herramientas (desde bases de datos a correos). La guía de la AEPD exige que el acceso sea de «mínimo privilegio» porque un agente encargado de resumir reuniones no necesita acceso a la base de datos de nóminas de la empresa, por ejemplo.
El informe también destaca el riesgo de seguridad. Los agentes de IA pueden convertirse en «identidades privilegiadas» dentro de una red corporativa. Por ello, la AEPD recomienda tratar a los agentes casi como a empleados: con monitorización constante y auditorías de comportamiento.
La agencia ha establecido además que no se puede usar tecnología intrusiva, como el reconocimiento facial, si existen opciones menos invasivas. Las empresas tampoco pueden monitorizar lo que hacen los trabajadores de forma preventiva, si no hay alguna sospecha. Incluso ha emitido resoluciones contra compañías que monitorizaban donde estaban los vehículos de empresa fuera del horario de trabajo alegando que se trataba de una cuestión de seguridad para ese vehículo. En el 2025 se intensificaron las multas a empresas de reparto por no informar a los trabajadores sobre cómo los algoritmos tomaban decisiones de despido o asignación de tareas.
Los estudios
La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) publicó en el 2025 un estudio que concluye que España lidera el estrés laboral con un 40 % de los trabajadores afectados (frente al 29 % de la media europea) por los «riesgos psicosociales derivados de la digitalización». Este informe recoge la incapacidad para desconectar o la constante vigilancia electrónica como disparadores del estrés crónico.
Eurofound (Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo) aseguró en su Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo 2024 que los algoritmos de gestión reducen la autonomía del trabajador y que el uso de herramientas digitales para medir el rendimiento por segundos (micro-monitoring) correlaciona positivamente con el desarrollo de trastornos musculoesqueléticos y fatiga mental.
Un estudio de la Universidad de Stanford y el MIT (Massachusetts Institute of Technology) concluyó en septiembre del 2025 que el uso indiscriminado de IA para vigilar y generar tareas está lastrando la productividad real. Las plantillas realizan tareas falsas para engañar a la tecnología. El estudio del MIT señala que solo el 5% de estos proyectos de IA de control generan un retorno de inversión real, mientras que el resto daña la confianza y el clima laboral.
Casos
China puso en marcha el pasado 1 de abril nuevas normas que fijan límites a los algoritmos que organizan el trabajo de repartidores y conductores de plataformas, un colectivo de unos 84 millones de personas clave en la vida urbana. La regulación incide en los tiempos de entrega, los sistemas de penalización y la asignación de pedidos, en un modelo marcado por la presión operativa y la gestión automatizada.
Entre los cambios figura la fijación de límites a la jornada mediante sistemas de desconexión automática tras determinadas horas de actividad, así como la revisión de los tiempos de entrega y de los criterios de asignación de pedidos.