Montagam, la herramienta inspirada en «Fahrenheit 451» para gestionar el uso del móvil: «Evita el clásico "papá, dame más tiempo de pantalla"»

Olga Suárez Chamorro
Olga Suárez REDACCIÓN

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Un niño mirando su teléfono móvil, en una imagen de archivo
Un niño mirando su teléfono móvil, en una imagen de archivo FAZRY ISMAIL | EFE

Creada por un biólogo y un equipo de psicólogos, esta plataforma elimina la supervisión remota y propone un pacto presencial entre padres e hijos para acabar con la negociación diaria por los minutos extra

28 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En pleno 2026, el debate sobre el impacto de las pantallas en la infancia y la adolescencia ha dejado de ser una discusión doméstica para convertirse en un tema social y político. Pero, más allá de los grandes debates, la mayoría de las familias se encuentran con la misma dificultad en el día a día: encontrar una herramienta eficaz para gestionar el uso de la tecnología. La casi totalidad de las opciones del mercado se centran únicamente en el control y la limitación —fijar horas máximas o bloquear aplicaciones—, abocando a los padres a la ya mítica súplica de los menores: «Dame más tiempo de pantalla».

Y ahí empieza el verdadero conflicto: decidir si el dispositivo ya se ha usado lo suficiente o si la consulta es tan imprescindible como para conceder más minutos y romper el pacto familiar. Todo ello sin detenerse a analizar una cuestión más amplia: ¿qué necesitan exactamente los niños y adolescentes para desarrollarse de forma saludable en cada etapa de su vida?.

Esta pregunta llevó al biólogo Carlo Zanotti, junto a un equipo de psicólogos sanitarios especializados en infancia y adolescencia, a diseñar Montagam. Se trata de una plataforma de educación digital basada en la psicología infantil que rompe con las dinámicas de supervisión tradicionales. Mediante la combinación de una aplicación para dispositivos móviles, un entorno web y un servicio de apoyo psicológico especializado, su objetivo no es aislar a los menores, sino garantizar que la tecnología sea plenamente compatible con el descanso, la actividad física, el aprendizaje, la autonomía y, sobre todo, las relaciones presenciales. De hecho, aunque el producto final sea tecnológico, subrayan que su origen es estrictamente psicopedagógico: «No es una app técnica a la que después se le añade un sello de psicología; el criterio clínico está presente en cada decisión», explica Zanotti.

Ya desde la elección del nombre, la plataforma rinde homenaje al ámbito analógico y a la literatura distópica. Montagam se inspira en Guy Montag, el célebre bombero de la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Este clásico describe una sociedad que abandona la lectura y el pensamiento crítico atraída por el entretenimiento superficial, incluso antes de que el Estado que lo gobierna prohibiera los libros. Montag, encargado en un principio de quemarlos, termina rebelándose contra ese vacío existencial para recuperar la capacidad de pensar por sí mismo.

El símil cobra especial vigencia en un contexto en el que los últimos informes PISA revelan un acusado descenso de la comprensión lectora global. La plataforma toma el espíritu del personaje literario para cuestionar la sumisión al estímulo digital y apuesta por devolver a los usuarios el control sobre sus vidas fuera del entorno virtual.

Para conseguirlo, plantea un enfoque innovador desde el inicio: el proceso arranca con una configuración presencial y consensuada entre padres e hijos. A partir de ese momento, se aplican ajustes estructurales fijos, sin control remoto para los adultos y bloqueando cualquier negociación posterior. La aplicación adapta la experiencia a tres grandes franjas de edad: de 7 a 12 años (límites y descanso), de 13 a 16 años (accesos acotados) y mayores de 16 años y adultos (fricción consciente).

El fin del control parental convencional

La diferencia principal de Montagam respecto a otras herramientas radica precisamente en la eliminación del control parental al uso. Las aplicaciones tradicionales se basan en sistemas de supervisión remota que convierten al adulto en un «policía digital» constante. «Esta dinámica genera un desgaste relacional continuo derivado de la petición repetida de minutos extra y de las trampas que los propios menores aprenden a ejecutar para eludir la supervisión», señalan.

Por ello, la configuración del dispositivo debe realizarse de forma presencial. Una vez fijado el esquema inicial, los límites no se pueden ampliar de manera improvisada: «Son límites basados en la evidencia y definidos por el equipo de psicólogos; no son ampliables por los padres, lo que evita el clásico “papá o mamá, dame más tiempo de pantalla”», detalla Zanotti. El objetivo es la transferencia de control: «La herramienta sostiene la norma para que el menor, acompañado por el adulto, comience a interiorizar el autocontrol en lugar de percibir la pantalla como una fuente ilimitada de gratificación».

Desde el proyecto advierten de que el diseño de las plataformas actuales —basado en megustas, algoritmos de recomendación y desplazamiento infinito— está concebido para vencer la autorregulación humana: «Intentar combatir la adicción a las pantallas únicamente con fuerza de voluntad equivale a tratar de superar el tabaquismo manteniendo un cigarrillo encendido en la boca». Por ello, Montagam aplica el principio de la psicología del aprendizaje conocido como control estimular: el acceso a las redes sociales se reestructura fijando, por ejemplo, un máximo de 30 entradas diarias con una duración acotada a 2 minutos por sesión.

Los datos recogidos entre las primeras familias que han probado el sistema revelan una transformación en la conducta de los adolescentes. Al saber que el tiempo y los accesos son finitos, el consumo pasivo de vídeo en bucle (reels o shorts) desaparece. Los jóvenes reservan sus entradas para comunicarse con sus amigos o ponerse al día antes de dormir, reduciendo la ansiedad derivada del consumo continuado.

Para casos de consumo intensivo (más de dos horas diarias), la plataforma incorpora un programa de deshabituación conductual que reduce automáticamente 12 minutos de uso a la semana. De este modo, un perfil que parta de 4 horas diarias alcanza un nivel equilibrado de 2 horas al cabo de 10 semanas, evitando el choque conductual que producen los cortes drásticos.

Predicar con el ejemplo

Uno de los aspectos más singulares de Montagam es que invita a su instalación en los teléfonos de los propios adultos. La aplicación reconoce la edad al introducir la fecha de nacimiento en el registro y adapta las restricciones al perfil adulto, manteniendo la protección de la atención pero ofreciendo mayor flexibilidad. El motivo es educativo y relacional: los menores aprenden por observación y un adulto que pasa horas frente a la pantalla difícilmente puede exigir a sus hijos que dejen los dispositivos. Según los responsables de la herramienta, la respuesta inicial de los padres ante este módulo ha sido notable, ya que muchos han encontrado en el sistema de accesos acotados una solución para corregir su propia dispersión digital. Además, la experiencia se ha probado con éxito entre estudiantes universitarios que buscan optimizar sus períodos de estudio.

Actualmente, Montagam se encuentra disponible en exclusiva para dispositivos Android por razones técnicas. La API actual de iOS para control parental obliga a operar mediante una aplicación remota en el teléfono de los progenitores, lo que impedía implementar el modelo de límites fijos y configuración presencial sin desvirtuar la propuesta original.