El ADN de Milladoiro


En una sociedad en la que priman los números y para casi todo se aplica la pregunta de ¿cuánto tienes, cuánto vales?, en Milladoiro, una humilde ciudad dormitorio de una capital canija como Santiago, las cuentas de la vieja tienen mucho que decir.

Que a Galicia no le salen los cálculos demográficos no es nada nuevo, como tampoco lo es que a los pocos niños que nacen les da por hacerlo en lugares como Milladoiro, en donde viven, aunque no estén todos censados, más de quince mil personas, una cifra soñada para Santiago, que sigue, y seguirá, a años luz de sus imposibles cien mil habitantes.

Milladoiro sigue a la espera de un centro de salud, hasta ayer no tenía instituto y el próximo domingo abre una iglesia con una estética que, ¡mira por dónde! está especialmente inspirada en los preceptos del actual papa, Francisco. En Milladoiro saben salir a la calle y montar un campamento en el patio del colegio para conseguir equipamientos educativos. Con semejante radiografía no consigo entender como en Milladoiro, en donde una fiesta de carnaval se organiza casi de rebote y desborda todas sus previsiones, no hubiese surgido un movimiento especial para independizarse o, lo que es mejor, para vender sus huestes al mejor postor y rentabilizar de lo que anda sobrado, de gente.

En la Facultade de Socioloxía deberían estudiar el ADN de Milladoiro, tierra de paso para los peregrinos, asequible cama para dormir de muchos compostelanos, un lugar donde el café vale un euro, aparcar desquicia al santo Job y casi nadie se toma en serio.

Votación
2 votos
Comentarios

El ADN de Milladoiro