El Sergas viaja a Cuéntame


Hace apenas tres semanas Itzel Cruz, la joven deportista atropellada en Santiago, demostraba que nuestro sistema sanitario funciona gracias al capital humano del Sergas y a sus medios. Y hace tan solo unos días, entre todos recaudamos fondos para la biopsia líquida. Ambas historias fueron posibles por el tesón de profesionales que no tiraron la toalla y de aquellos que sacaron la hucha y la bata blanca a la calle. En todo este tiempo, la humanidad y eficiencia de los profesionales de la medicina estuvo en la boca de todos, Sergas incluido.

Y hace unas semanas, la Fundación de Amancio Ortega anunció donaciones millonarias para la compra de equipos oncológicos. Y todo fueron parabienes del sistema.

Salvando las distancias, espero que el Sergas agradezca en su justa medida que una paciente que solamente necesita que le midan la tensión done un aparato similar a los que tiene el Sergas para que a la profesional de turno, tras quedarse sin herramienta ni pilas y comprobar que en su entorno pasaba exactamente lo mismo, no se le quede una cara como la de Emma Stone en ese primer plano que le valió el Oscar con La la land.

Llama la atención que el Sergas culpe a su personal para explicar un incidente que retrotrae al Sergas a esos tiempos descafeinados de Cuéntame. Suerte que el reparto de culpas del Sergas no salpicó a la paciente, una servidora, a la que tener la tensión algo descontrolada no le mató tantas neuronas como para no discernir entre una mala praxis, que también las hay, y un recorte en materia sanitaria como la copa de un pino.

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