Enfado y resignación en la hostelería por las restricciones para fumadores

El sector alerta de que el ocio se irá a espacios privados sin precauciones


santiago / la voz

Cuando parecía que los bares y las cafeterías comenzaban a recuperar el pulso, el aumento de casos de covid-19 acaba de llevar a la Xunta a imponer una nueva restricción. Desde este jueves, ya no se puede fumar en ningún espacio al aire libre a menos que se mantenga, en todo momento, una distancia de dos metros con el resto de personas. Esta limitación, que convierte a Galicia en la primera comunidad en atreverse con el humo del tabaco, afecta a buena parte de las terrazas, puesto que el problema no solo está en mantener las distancias entre mesas, sino en conseguir que un mismo grupo pueda respetarlas aún sentándose juntos.

Desde el sector hostelero, las críticas no han tardado en llegar. Uno de los directivos de la Asociación Hostalaría Compostela, Lois Lopes, que además es propietario de A Nave de Vidán, tiene claro que «esta medida tan só é unha estratexia mediática para conseguir calmar á xente». Para Lopes, una restricción así lo único que consigue es «xerar confusión e crear unha cortina de fume para non falar de outras cousas, como que estamos á cola en probas PCR», en referencia a las informaciones de que Galicia vuelve a ser una de las comunidades que menos han incrementado estas pruebas en plena oleada de rebrotes.

«Si antes la gente se tomaba dos cafés, ahora se tomará uno y luego se marchará», opina Dimas Benítez, del Café Bar Candelas, situado a escasos metros de la Alameda. En los mismos términos se manifiesta Loli Fandiño, de O Bigotes, un establecimiento situado a escasos metros de la Praza do Obradoiro. Para Fandiño, «si antes teníamos pocas mesas, ahora tendremos menos, porque habrá que juntarlas cuando venga un grupo grande de fumadores. La única solución será que el que quiera fumar se levante y vaya caminando hasta el final de la calle». Además, esta hostelera también recuerda que en Santiago se trabaja «con muchísimos turistas que vienen de lugares sin estas limitaciones» y que esto «llevará a tener que andar avisando constantemente, ya no solo por la mascarilla, sino también por el tabaco».

En la zona del Ensanche el temor por este posible descenso de clientes es el mismo que en el casco viejo. Rosana Rivera trabaja en el Amigo Café Bar, en las inmediaciones de la Praza Roxa, y se muestra preocupada por esta medida. «Ahora casi todo el servicio se hace fuera y si tenemos que reducir las mesas vamos a notar una bajada», explica. Por su parte, Brais García, de la Cafetería Milay de la Praza Roxa, cree que «aún es pronto» para saber cómo les va a afectar. «Las mesas ya están separadas entre ellas y si viene un grupo de amigos, pues habrá que decirle que no pueden fumar. Espero que no nos suponga mucho problema», indica.

El ánimo general entre la gente del sector es una mezcla de enfado, confusión y algo de resignación. Cualquier acción que limite la actividad en terrazas, sobre todo durante el verano, supone un grave perjuicio para la hostelería, que lleva meses adaptando sus dinámicas de trabajo a las circunstancias sanitarias. Conjugar economía y salud pública resulta cada más difícil, tanto para los responsables públicos, como para los empresarios. Lopes, de Hostalaría Compostela, deja claro que «todos sabemos que nos cambiou a vida e temos que acostumarnos, pero se vas a un bar e non podes facer nada pois ao final quedarás na casa». En su opinión, todas estas restricciones llevan a que el ocio se haga en espacios privados «sen medidas de precaución e causando un dano moi grave ao noso sector, que emprega a moita xente». En este sentido, además de apelar a la responsabilidad individual, Lopes pide legislar de una forma razonable. «Ou facemos normas que sexan cumpribles ou se non, o único que estamos facendo son brindes ao sol», concluye.

El Concello cree que la prohibición es sensata, pero avisa de que será difícil de controlar

La concejala de Acción Cultural, Mercedes Rosón, calificó este jueves en rueda de prensa la decisión de la Xunta como «sensata», pero alertó de que los concellos tienen «moi poucos recursos» para controlar el cumplimiento de este tipo de normas, puesto que controlar a todos los establecimientos de una ciudad como Santiago entraña complicaciones. Rosón criticó que «Feijoo o único que fai é poñer deberes ao Estado e ao Concello» y aprovechó para pedirle al presidente gallego que se enfrente «a todas as responsabilidades e competencias en materia sanitaria, educativa e de xestión da comunidade».

Además, la concejala socialista también recordó que los ayuntamientos tienen «moitas cousas enriba e poucos recursos», mientras que la Xunta tiene, además muchos más recursos, casi todas las competencias. «O que ten que facer de forma urxente é enfrontarse a elas. Dá a sensación de que estas medidas con moita repercusión mediática están sendo utilizadas para tapar o verdadeiramente importante», criticó Rosón. En su opinión, la situación de la epidemia en Galicia empieza a ser «moi alarmante». En línea con esta consideración, recordó que en pocas semanas empieza el curso escolar y el alumnado tendrá que retomar las clases, a pesar de que todavía «está todo moi precario».

Recursos limitados

A pesar de sus críticas, Rosón insistió en que las medidas aprobadas para controlar el humo del tabaco no le parecen «mal» e indicó que la Policía Local está «moi pendente» de que se cumplan las normas. No obstante, debido a las limitaciones de recursos, sobre todo de tipo humano, que tienen los concellos, la concejala de Acción Cultural aprovechó para pedir «responsabilidade individual e colectiva».

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