Aguapesada, el puente de granito que no conduce a ninguna parte

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

CRISTOBAL RAMÍREZ

Turismo de Galicia y el ayuntamiento de Ames, que aunaron esfuerzos, rehabilitaron el conjunto e hicieron que la corriente volviera a pasar bajo el arco del puente

02 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El puente de Augapesada es un encanto de la comarca compostelana, pero también un misterio en sí mismo: salva un pequeño río, si bien el camino del que forma parte aquel ni viene de ningún lado ni va a ningún lado. Es más, la calle —en el caso de que se pueda denominar así— que transitan los peregrinos rumbo a Fisterra y Muxía se dibuja perpendicularmente al puente. Y, para gran sorpresa, son escasísimos los caminantes que se fijan o fotografían esta preciosa herencia que dejaron los antepasados.

Cuando en Roxos (Santiago) se toma el desvío a la derecha en la rotonda justo antes de descender hacia Bertamiráns (AC-453), se sube primero y se baja después acompañado de peregrinos. Y abajo de todo estos giran a la izquierda (79,034 km a Fisterra) y ante los ojos aparece esta obra muy sencilla de un solo arco que, por supuesto, es romana. O eso dice la tradición, porque cualquier puente de sólido granito es, en Galicia y por definición primaria, romano.

La historia discrepa, y este pequeño monumento de cantería con un arco de medio punto y rasante de trazado curvo es posible que no sea más antiguo del siglo XVII, lo cual no es poco. La afirmación, sin embargo, procede hacerla con reservas puesto que muchos historiadores ven líneas medievales. En fin, como quiera que este era un nudo de comunicaciones, resulta más que probable que con anterioridad hubiera existido otro puente.

Las aguas del arroyo debieron de bajar en el pasado con más fuerza de lo que bajan ahora, puesto que en fecha indeterminada, pero desde luego muy posterior a la construcción, se abrieron dos aliviaderos en los extremos.

Augapesada quedó incluida en el catálogo de Bens de Interese Cultural (BIC), una figura de protección que abarca el molino de rodicio que se irguió allí mismo y que a mediados del siglo XVIII ya estaba funcionando. Y todo ello se benefició del buen entendimiento entre Turismo de Galicia y el ayuntamiento de Ames, que aunaron esfuerzos, rehabilitaron el conjunto e hicieron que la corriente volviera a pasar bajo el arco del puente, cosa que parece elemental pero que no sucedía con la nitidez de ahora. Veintisiete mil euros muy bien invertidos.

Por su parte, en marzo del 2022, con la conclusión de esos trabajos de mejora financiados al alimón, el concejal de Turismo, Manuel Lens, había resaltado que este es «un punto de referencia do Camiño de Fisterra que está cheo de historia,

xa que aquí foi onde se xuntaron as tropas señoriais o 13 de xuño 1471 para combater ao exercito de Fonseca II, arcebispo de Santiago, na batalla de Altamira».

Pero ¿y el misterio de que esté perpendicular a la vía y no pase nadie por encima de esta obra tan venerable como encantadora? En realidad, no existe tal misterio, sino una en apariencia al menos desgraciada intervención reciente: el camino real discurría más al este, en paralelo a la actual carretera, pero la concentración parcelaria cambió la geografía.

Si esa vieja vía desaparecida siguiese existiendo, el peregrino sí tendría que cruzar el Rego dos Pasos —afluente de Sar, al que rinde aguas en A Condomiña (Bertamiráns, Ames)— por el distinguido puente de Augapesada.