Ni los largos tiempos de espera reducen las colas del bar La Tita de Santiago para probar su tortilla
SANTIAGO
El local consume a diario 300 kilos de patatas y cocina más de 100 unidades en las semanas de máxima demanda
01 sep 2026 . Actualizado a las 13:13 h.Según estadísticas de la Oficina del Peregrino, en dos de los últimos tres años las mayores cifras de caminantes a Compostela se dan en agosto, lo que concede a los negocios locales la posibilidad de aumentar su clientela. Uno de los sectores más favorecidos es el de la gastronomía, en una situación que se hace notar en el Bar La Tita, ubicado en la Rúa Nova. Es un local muy conocido desde hace más de una década por su tortilla de patatas, aunque su apertura se remonta a hace más de medio siglo.
Las colas son enormes, y han llegado a concentrar a cincuenta personas en espera por las veintidós mesas en los últimos días de agosto. Aunque el tiempo no acompañó en algunas jornadas, muchas personas se resguardaron del frío y de la lluvia bajo los edificios ubicados frente al local en busca de su pincho de tortilla. La mayoría de los clientes son turistas, pero también acuden vecinos. Es el caso de José Rodríguez, de Fontiñas, quien ha llegado a esperar «casi una hora». A pesar del tiempo inestable, el santiagués no tiene ningún problema en mezclar su café con la tortilla, pues para él tiene «un sabor único».
Pili Martínez y Jenny Bernal, dos de las cocineras de La Tita, aseguran que la calidad de su tortilla se logra al poner amor en «cada mínimo detalle». Destacan el aceite de oliva como «el factor diferencial», pues nunca trabajan con otro producto distinto. En el proceso de cocción se preocupan por hacer siempre «un corte fino» de la patata, de forma que favorezca que esté «crujiente» y dé como resultado una tortilla blanda y muy jugosa.
Manuel García, encargado del bar, explica que llevan quince años con «los mismos proveedores», tanto en patatas como en huevos. Prefiere no desvelar el lugar exacto de su procedencia, pero reconoce que «priorizan» el producto gallego, aunque en algunas ocasiones acuden a la zona del sur de España. El bar sirve tres tipos de tortilla: entera, para cinco o seis personas; mediana, para dos o tres; y ración, en formato individual. Sea de una forma u otra, el éxito es total, pues junta diariamente «alrededor de quinientos comensales» en la época de verano. Esta situación obliga al local a pedir 300 kilos de patatas y a elaborar con ellas más de 100 tortillas al día para diferentes grupos de personas. Los hay que repiten, como Julio Ordóñez y Merche Zazo, un matrimonio de Madrid que viaja al menos una vez al año hasta Compostela «enamorado de su gente y de su gastronomía». Durante el resto del año el negocio no decae, pues la mayoría de los estudiantes sucumben y van, impulsados por la fama que tiene.
Las largas filas de espera también provocan alguna pequeña queja. José Miguel Iragui, vasco que reside en Baiona, es un apasionado de la tortilla del bar, pero asegura que no soporta «la masificación» que hay, la cual extrapola a toda Galicia y va a motivar que regrese en un período cercano a su tierra natal. De todos modos, la mayoría de comensales reconocen que la espera «merece la pena», tanto por la calidad gastronómica como «por el buen servicio prestado» de los trabajadores del local.