La sala Malatesta de Santiago eludió el control municipal en la época de Duarte

Duro ha tenido que reducirle un 80 % el aforo tras las advertencias de los técnicos

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santiago / la voz

Las cosas han cambiado y mucho en el área de Urbanismo del Concello de Santiago desde que el concejal Jorge Duarte (Compostela Aberta) tuvo que ceder parte de las competencias en esta materia a su compañero Xan Duro. El alcalde, Martiño Noriega, se vio obligado a tomar esta determinación cuando Duarte se negó a dimitir, tal y como exige el código ético de su formación, pese a haber sido declarado investigado -como ahora se denomina al imputado- por trato de favor a locales de ocio de la ciudad en una causa que inició la Fiscalía y que ahora instruye la jueza Ana López-Suevos. Desde que Duro está al mando de licencias y sanciones firma todo lo que los técnicos municipales denunciaron que Duarte guardaba en el cajón durante meses. Una actitud que él mismo admitió y que justificó alegando que no estaba de acuerdo con el criterio de los funcionarios y que por eso paralizó multas a algunos bares de copas o incluso intercedió en su favor solicitando que se reconsideraran a la baja.

El último ejemplo del presunto trato de favor por el que está imputado Jorge Duarte es la sala Malatesta, situada en los números 51 y 53 de la calle San Lourenzo. Durante el mandato del edil investigado, el establecimiento estuvo todo un año eludiendo el control del Concello, que pese a los reiterados intentos de los técnicos del Negociado de Licencias de Apertura, no consiguió que los propietarios atendiesen a sus demandas para inspeccionar el bar y confirmar que los datos aportados por el arquitecto que redactó el proyecto coincidían con la realidad.

De 497 a solo cien personas

En virtud a ese informe presentado por el arquitecto contratado por los dueños de la sala Malatesta, se le concedió licencia de café concierto y se le fijó un aforo provisional de 497 personas. La inspección municipal es obligatoria para confirmar esas condiciones, algo que impidió la actitud esquiva de los propietarios del establecimiento que tampoco encontró una respuesta muy contundente por parte del concejal que en aquel momento tenía plenos poderes en Urbanismo.

Esa falta de control provocó la protesta del técnico que debía revisar el local, que el 20 de octubre del 2016, un año después de la inauguración de la sala Malatesta, emitió un informe en el que se quejaba de que no había tenido respuesta ni del dueño del bar ni del arquitecto autor del proyecto de obra pese a que había transcurrido «un tiempo más que prudencial».

En esas circunstancias, el funcionario adscrito al Negociado de Licencias de Apertura señaló por escrito ante la concejalía: «Quiero apuntar, no obstante, que el aforo de 497 personas está mal calculado, ya que no se aplica la hipótesis de bloqueo» en caso de incendio. Según los cálculos del técnico, «la capacidad aproximada estaría comprendida entre 200 y 250 personas», pero advertía que esa cifra era únicamente válida «en el supuesto de que la escalera de evacuación existente cumpla las condiciones de la normativa contra incendios. En el caso de que no sea así (...), el local pasará a tener una única salida de evacuación y, por tanto, la capacidad máxima de evacuación sería de cien personas».

Con el informe del técnico en la mano y tras hacerse con parte de las competencias en Urbanismo, el concejal Xan Duro firmó un decreto el pasado 22 de diciembre por el cual se reduce el aforo provisional de la sala Malatesta a solo cien personas, un 80 % menos del que tuvo establecido en la época de Jorge Duarte.

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