«Es cantar el `No puedo vivir sin ti´ de Los Ronaldos y todos se vienen arriba»

El músico y exciclista empezó de «carallada», con los amigos y la familia, y ahora vive de sus conciertos

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Santiago / la voz

De todos los músicos que se lanzan a los bares cada semana no es el que mejor canta. Tampoco es un fenómeno con la guitarra, pero ya lo hace mejor que cuando se juntó con unos amigos en Padrón para estrenarse hace cuatro años, y tiene toda la pinta de que dentro de otros cuatro seguirá en lo mismo pero con más calidad al ejecutar las canciones propias o ajenas, porque le sobra tenacidad para lo que le gusta. Lo que no va a cambiar en todo ese tiempo es la «carallada». Es la palabra fetiche de este compostelano de nacimiento pero arousano de Carril de corazón, que ha encontrado un modo de vida en lo que en principio solo era un entretenimiento en reuniones familiares y de amigos, en las que siempre sacaban instrumentos y cantaban hasta quedarse afónicos.

Su sana y legítima querencia por la diversión y la fiesta le viene de lejos, y tiene su mérito, porque la guitarra, el deporte de la bicicleta y los estudios no casan bien, pero Dani Barreiro consiguió llevarlos con más o menos éxito hasta labrarse un presente con expectativas y un pasado sorprendente, sobre todo dando pedales.

De bebé, hasta los dos años, vivió en el Ensanche, mientras su madre acababa Maxisterio. Después se fue a Carril y regresó a Santiago a los 18 para estudiar Historia, y lo cierto es que tampoco se acuerda demasiado de lo que ocurrió aquel año, nada malo, en todo caso. En realidad era un curso de transición hasta entrar en INEF, que era lo que le apetecía de verdad, pero en las pruebas del primer año le falló el tren superior. De piernas iba sobrado, porque ya le daba a los pedales. En la carrera académica no le dieron demasiadas facilidades para hacer lo que le apetecía, que era competir, y algún profesor debió rascarse la cabeza cuando se enteró de que con 23 años, con pelo rubio y enorme sonrisa, Dani se plantaba en Atlanta para participar los Juegos Paralímpicos de 1996, compartiendo tándem con Pablo, un invidente completo de Monforte.

Fueron casi tres lustros de relación con el ciclismo, como corredor, de director deportivo de distintos equipos y colaborando con la ONCE, un reto que le ocupó horas y horas de su vida hasta que el cuerpo le llevó por un camino más ordinario en el que tampoco duró demasiado. Durante un lustro siguió relacionado con el deporte, pero ya como comercial de material de gimnasios, haciendo cientos de kilómetros pero ahora al volante. Sin embargo, la crisis, la familia y la música se le cruzaron para bien, porque ahora, como autónomo, tiene tiempo por las mañana para ayudar a padre, dependiente, y el resto del día lo dedica a sus «bolos». No ha llamado nunca a nadie ni va dejando su currículo por las barras. «De una boda me salen otras dos. De un concierto, otro. Me contratan colegios, instituciones oficiales... tengo lío de lunes a domingo, y a veces hago dobletes», asegura este músico tardío, que se adapta a todos los formatos: en solitario, en dúo con bajista, con o sin batería o toda la banda, con una trompa.

En su inopinado éxito pesa más lo emocional que el virtuosismo musical. Él escucha a sus clientes, observa a su público e interacciona con evidente empatía que se redobla con los niños. Si el ambiente está frío, no se complica: «Es cantar el No puedo vivir sin ti, de Los Ronaldos, y la gente se viene arriba. Todo el mundo se la sabe, ¡por el anuncio de Ikea!».

Nombre. Dani Barreiro (Santiago, 1973).

Profesión. Exciclista y músico.

Rincón elegido. La antigua estación de Cornes. Desde allí salió el primer tren de la historia de Galicia hasta Carril, la localidad arousana en la que vive a tiempo parcial con su familia.

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