Rosa Ferré: «¿Qué puede hacer el arte? Preguntas»

«Hacia donde va el arte es a borrar las fronteras entre las disciplinas y a crear desde las ideas», defiende la directora de Matadero Madrid


Santiago / La Voz

Rosa Ferré (Extremadura, 1966), la nueva directora de Matadero Madrid, estuvo recientemente en Compostela para explicar a los alumnos del curso de experto en gestión cultural de la Universidade de Santiago su experiencia como gestora de un centro cultural, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, y de un laboratorio de creación como el complejo interdisciplinar que ahora coordina.

-¿Cuál es la diferencia?

-Simplificando mucho, el centro de cultura es como un centro para la generación de discurso a través de las exposiciones, los programas públicos, conferencias, seminarios y otros formatos mas experimentales, festivales... en los que escasamente se trabaja directamente con los artistas en la producción. En algunas exposiciones se introduce alguna producción, pero no es la misión.

-¿Es un contenedor?

-No, es un generador de diferentes discursos: trata una serie de temas de actualidad y que son importantes para la construcción de la ciudad. En eso son muy parecidos, son centros muy de la ciudad y hablan mucho de la ciudad. Uno es más multidisciplinar y otro más interdisciplinar, que es diferente, pero los dos hablan desde el arte contemporáneo, la filosofía, la literatura, prácticas más raras, desde el discurso sobre la tecnología, desde la política, desde muchos sitios. Pero uno lo hace programando directamente e invitando directamente a comisarios a reunir unas obras y en Matadero lo que hacemos es tener centros de residencia, de producción... Se crean allí la mayoría de los contenidos que presentamos. Incluso tenemos por ejemplo el centro de artes vivas, que es el centro de teatro más experimental, relacionado con la performance, con la danza y con otros formatos y la mayoría de las producciones son propias o en coproducción con otros centros.

-Interdisciplinar y multidisciplinar. Se usan como sinónimos pero no es lo mismo.

-Para mí es muy importante porque estoy muy obsesionada con el tema de la interdisciplinaridad [ríe], porque creo que la mayoría de los proyectos interesantes que salen en cultura son ya interdisciplinares. Hay artistas que están investigando cosas muy importantes: sobre tecnología, género, muchas cuestiones y dices, ¿es un investigador, es un artista? Al final lo que hace tiene una metodología diferente a la que puede tener un académico o un filósofo, pero trabaja en campos donde ya se trabaja en conjunto con otros artistas y con otras disciplinas. Tenemos muchos proyectos en los que trabajamos artistas, tecnólogos, sociólogos, antropólogos... Y son proyectos que nacen desde la interdisciplinaridad. Matadero, como es un centro de creación en el que hay muchas naves y cada una de ellas es como una especie de departamento dentro de lo cultural, con disciplinas diferentes y con una vocación de trabajar con los demás, es un laboratorio para la interdisciplinaridad. En cambio, si vas a otros centros de cultura más convencionales hacen exposiciones, otro tipo de cosas, pero al no realizarse la creación dentro cuesta más que los proyectos sean interdisciplinares. Yo defiendo mucho que en realidad es hacia donde va el arte, a empezar a borrar...

-Las fronteras mentales.

-Borrar las fronteras entre las disciplinas y crear desde las ideas o desde los intereses, desde comunidades más de intereses.

-Pero se tiende más al centro cultural que al laboratorio de creación.

-Creo que cada ciudad tiene su mapa, su propio ecosistema, y no uno es mejor que otro. Creo que cuando llegas a una institución lo que haces es primero ver el ecosistema de los centros, qué necesita la ciudad, cuál es tu misión institucional, porque si eres una institución pública tienes una función diferente a si eres una fundación privada u otro tipo de organización, y a partir de esa misión desde lo público ver que es lo que tu institución puede ofrecer.

«La mayoría de los proyectos interesantes que salen en cultura son ya interdisciplinares»

-Ya ha dirigido proyectos sobre big data y sobre cambio climático. ¿El arte puede cambiar el mundo?

-La pregunta es, ¿qué puede..

-¿Qué puede hacer el arte por ti?

-Exacto, qué puede hacer el arte por ti, que es mucho. En el CCCB introduje una línea de exposiciones que le llamábamos Beta forzando un poco la idea de lo que era una exposición. porque a lo mejor tenían una pieza teatral, o que dentro tenían las actividades que formaban parte de la exposición, no era esa cosa de las actividades paralelas que se llama, que lo odio. Estoy en contra de a algo llamarlo actividad paralela [ríe], porque todo forma parte de un proyecto. También me interesa mucho ver como es la cultura del siglo XX y del siglo XXI y muchas instituciones siguen con las dinámicas y las inercias de las disciplinas, de los proyectos, estableciendo para mí falsas competencias entre las humanidades y las ciencias del mundo, como si fuesen cosas opuestas o como si no se pudiese trabajar desde las dos a la vez. A mí me interesó mucho pensar como una exposición puede ser como un dispositivo para poner sobre la mesa temas importantes de actualidad a través de la voz de los artistas, lo cual es bastante complejo. ¿Qué puede hacer el arte? Preguntas. Muchos de ellos investigan temas y hacen propuestas especulativas de qué puede ser el futuro y muchos de ellos reivindican otros modos de vida, otros modos de relacionarnos socialmente... Y todo ello, todas esas preguntas, complejizan el discurso que hay de muchos temas. Intentamos forzar los límites de la idea que la gente tiene en la cabeza de lo que es una exposición, mezclando artefactos de artistas con prototipos científicos... Intentábamos siempre hacer preguntas y no ser dogmáticos, pero sí alertar de muchas de las cuestiones que ocurren.

-¿Hay una concepción social limitada de lo que es el arte y la exposición? Como una forma de verlo... antigua.

-Sí, como más del siglo XIX, ¿no? [Ríe]

-Sí, como que vamos allí y vemos cosas.

-Sí, y la idea es que la exposición sea un viaje y te relaciones con las piezas de los artistas como arte, en el sentido de decir que tengan una materialidad y visualidad que te atrae desde el punto de vista formal, y otras que son más conceptuales. Hay gente por ejemplo que hace visualización de datos y que descubre las tramas de los offshore, los paraísos fiscales. Es una investigación que podría haberla hecho un periodista, pero con la visualización de datos y con la metodología de hacer otras preguntas se llega a otros resultados. En Madrid estamos haciendo un proyecto que se llama Matadero Acción Mutante que es un proyecto teórico y práctico para intentar cambiar la fisonomía del Matadero, un espacio que sufre muy mal las temperaturas extremas. Con este proyecto, liderado por artistas, vamos a intentar pensar en una especie de jardín o de paisaje cyborg. Estamos trabajando con la universidad, con el MIT y con el Ayuntamiento para ver si podíamos inventar artefactos o dispositivos en el jardín para bajar la temperatura. Si estuvieran solo los ingenieros ya habrían dado la solución antes casi de haber hecho las preguntas, así que vamos a intentar ampliar esas preguntas y abrir la problemática.

-Acabar con esas fronteras mentales.

-Sí, decir que tenemos un problema común, en este caso escogimos Matadero, que se recalienta y de mayo a octubre es infernal, y pensar en cómo podríamos plantearlo de otra manera. La relación está siendo fantástica entre la parte más científica o técnica y la más artística o especulativa, porque hemos elegido a artistas que también están acostumbrados a trabajar interdisciplinarmente.

-¿Pero la manera que tenemos de relacionarnos con el arte es un problema de formación artística?

-No creo que haga falta una formación de base. Creo que lo que hace falta es una mayor libertad hacia el público. Y sinceridad: vas a venir y te vas a encontrar esto. Es una puerta para lo que te interese lo sigas, o que forme parte de tu vida, que te abra como unas preguntas. 

-Es cuestión de interactuar, no de formarse.

-Creo que hay una parte importante que es no ser críptico, por supuesto, y explicar que las prácticas culturales son muy diversas y hay artistas que trabajan con comunidades y hacen unos trabajos que son prácticamente mediación, hay artistas que hacen investigación, otros que se meten en Internet y hacen cultura digital, hay otros que hacen activismo, como una especie de guerrilla provocadora.. Y todo eso es arte.

-¿Cómo  se puede conectar con el público?

-La programación cultural es como hacer una película, hay muchos factores. Tiene que haber inteligencia de los comisarios, de quien esté eligiendo. En Matadero estamos haciendo codirección con muchos agentes diferentes para que sea rica la mirada. Es muy interesante la colaboración con agentes muy distintos, desde asociaciones de barrio a instituciones extranjeras u otros artistas que no se hacen las mismas preguntas que los artistas españoles. Esa mezcla para mí es fundamental. Y luego yo no hablaría de público como un grueso. Nosotros trabajamos pensando en diferentes comunidades. Intentamos hacer unos discursos lo más amplios posibles pero no todo va dirigido al mismo público.

-Públicos, entonces.

-Comunidades de interés. Al final lo que haces es crear públicos, no estás esperando a que te venga, sino que creas públicos si es de una determinada comunidad ya sabes más o menos los intereses y como puedes entrarle en un tema o en un tipo de práctica. Nosotros tenemos en Matadero residencias artísticas que nos posibilitan el trabajo in situ con los artistas, que me parece fantástico, y luego tenemos un proyecto que se llama Intermediae que es sobre mediación cultural, que reflexiona muchísimo el trabajo con las distintas comunidades. Hemos hecho muchos proyectos de investigación sobre aprendizajes, como puedes conectar y para qué, con cuánta voluntad transformadora, porque depende de la comunidad en la que te metas son unos trabajos muy duros y específicos, de medio plazo... No necesariamente todo se valora por el número de visitantes.

«Creo que es mejor un concurso público malo que un no concurso»

-Está a punto de resolverse el concurso para la dirección del MARCO de Vigo, que ha abierto del debate sobre cuál es el mejor sistema de elección. 

-Para mí es el concurso público, si es una institución pública. Como todos los concursos públicos pueden estar totalmente trabajados de antemano para definir un perfil y, por supuesto, cuando eliges un jurado estás eligiendo también qué tipo de persona buscas. Pero en el concurso del Matadero hubo una cosa que me gustó mucho: primero que el Ayuntamiento no tenía voto y que no se sabía el jurado cuando te presentabas. Me parece una práctica a continuar porque presentas un proyecto muy sincero, porque como no tienes ni idea de a quién tienes que encantar... También he visto muy malas prácticas en concursos públicos, en los que sabes quien va a ganar antes de que se presente, pero siempre creo que es mejor un concurso público malo que un no concurso. Ahí por lo menos aparece otro tipo de tejido que a lo mejor no es evidente y muchas veces el resultado es igual de experimental que si fuese a dedo. No está garantizado que porque sea un concurso luego las cosas funcionen. Pero sí, cuanta mayor transparencia mejor. Y me parece muy interesante también que en el jurado haya también muchas mujeres. Es importante.

-¿Los hombres tienden a escoger a hombres?

-Sí, muchas veces. Y luego, aunque esto es generalizar, muchas veces, por como llegamos a los cargos de dirección, tenemos una conciencia diferente de como son los equipos y los proyectos y creo que esa visión es muy importante a la hora de escoger, por esa experiencia diferente en las instituciones. 

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