El negocio del «piso fiesta» en Santiago: cobran entrada y cada invitado lleva su botella

«A mí me ofrecieron ir a una que costaba cinco euros», relata un estudiante universitario

Una patrulla de la Policía Local acude a un piso, en Lugo
Una patrulla de la Policía Local acude a un piso, en Lugo

Santiago de Compostela

Las fiestas en pisos de jóvenes que esquivan así el cierre obligatorio de los locales de ocio a la una de la madrugada impuesto por los rebrotes de coronavirus se han convertido en un gran problema en Santiago. Tanto, que ha obligado a incrementar y mucho las multas por ruidos que impone el Concello, que han pasado de 200 a 500 euros en el caso de reuniones más allá de la medianoche y hasta las tres de la madrugada y de 750 a partir de esa hora. La mano dura parece estar surtiendo efecto, porque el número de sanciones está descendiendo —ayer solo hubo una—, pero hay algunos que ante la necesidad están agudizando el ingenio y se ha detectado que algunas de las fiestas que se organizan son en pisos en los que se cobra entrada.

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El negocio del «piso fiesta» en Santiago: cobran entrada y cada invitado lleva su botella