Mujeres


Los años le habían sentado fatal. Aquella belleza apabullante se había transformado en algo vulgar mucho antes de lo necesario. Apenas quedaba nada de aquel magnetismo desvergonzado suyo, de aquella mirada que parecía esconder una posibilidad cierta de volverte loca. Estaba ahí, abandonada por su esplendor y por todo lo que con él arrastraba y emitiendo un dolor: ¿Ahora qué? Me dijisteis que era bella y ahora me decís que ya no. Hace falta mucha gimnasia mental para procesar eso. El lamento lo escupe la actriz Charo López. Confiesa que a pesar de esa piel que se resquebraja, ella, por dentro, se siente igual que cuando doblegaba voluntades dándole a las pestañas.

Qué muerte tan teatral la de Rita Barberá. Imposible no pensar cómo vivió sus últimos meses, qué decepciones se habían instalado en aquel cuerpo vencido al que hasta el realizador de TVE esquivó para que no fuera visto saludando al rey. Ella sabía que se había vuelto tóxica, un elemento radiactivo de los que provocan silencio y frenazos a su paso. Ninguna mirada acompañándola. Ni siquiera las de compasión que tanto indignan. Y el sigilo brutal de todos los aduladores, de primeros los más animosos, colocados ya detrás de otro trasero. Cómo se procesa un abandono así...

Confesó tras la derrota que no quería salir de la cama. Las mujeres vencidas nos refugiamos entre las sábanas. Los hombres suelen bajar al bar. Le entregó la presidencia de los Estados Unidos a un botarate y todos dicen que fue por su culpa. A Hillary la hicieron responsable de la infidelidad de Clinton y ahora lo será de todos los disparates de la era Trump y de decepcionar a millones de mujeres. Cómo se carga con un fardo así...

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