Un naufragio de 438 días


Estamos tan acostumbrados a que nada nos impacte en televisión que solo una historia real como la de Salvador Alvarenga nos ha conmovido como pocas. Sucedió la semana pasada en El Hormiguero cuando le relató a Pablo Motos su odisea de 438 días de naufragio en el océano Pacífico. Alvarenga, un pescador mexicano de tiburones, salió con un compañero al mar y una terrible tormenta los arrastró durante siete días al peor de los destinos, a la soledad de 438 días a la deriva. En ese tiempo, en una pequeña lancha, Alvarenga se dedicó únicamente a sobrevivir, pescando con sus propias manos, cazando pájaros para chuparles la sangre, y manteniendo como compañía la soledad, una vez que a los dos meses de su naufragio vio morir a su compañero, al que le siguió hablando como si estuviera vivo durante ocho largos días. Después, Alvarenga decidió arrojar el cadáver de su compañero al agua para continuar su desventura en la peor de las pesadillas, solo, en la infinidad del océano. Únicamente la fe en mantenerse vivo, según le explicó a Motos, le sirvió para no enloquecer gracias a una rutina que estableció a rajatabla: comer tres veces al día y preocuparse por abastecerse. Tras 438 días de travesía infernal pisó tierra, en un atolón australiano, y su odisea acaba de cobrar forma en un libro, Salvador, del periodista Jonathan Franklin. Parece una película, pero oírsela contar en directo a Alvarenga es otra historia.

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