«Le debo la vida al cribado»

Cada una se enfrenta al cáncer de mama a su manera, pero estas tres mujeres defienden firmemente la prueba de detección, «sin ella ya no hubiera sido un pequeño tumor»

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«Le debo la vida al cribado» Cada una se enfrenta al cáncer de mama a su manera , pero las tres defienden firmemente la prueba de detección, «sin ella ya no hubiera sido un pequeño tumor»

Santiago / La Voz

María Fernández acudía por primera vez a hacerse el cribado de cáncer de mama, la famosa mamografía. Y llegó la mala noticia, «me llamaron por teléfono y me dijeron que tenían que hablar conmigo, me hicieron una biopsia y detectaron un tumor que en aquel momento era in situ, me tranquilizaron y coincidí con María Jesús en las pruebas y el mismo día de la operación». María Jesús Ruiz también recibió esa llamada, es médico, así que consultó su historia clínica. Al final el tumor estaba en estadio dos. En el caso de Elsa Caporales era su última mamografía dentro del programa gallego de detección precoz de cáncer de mama. Tenía 69 años y le enviaron una carta certificada diciéndole que fuese al hospital, con tiempo. Fue con su nuera y al salir la esperaban su marido, su hija, su hijo... «me hablaban y mi cabeza no respondía a nada de lo que estaban diciendo», recuerda.

Las tres fueron diagnosticadas de cáncer de mama gracias al cribado. Un cribado que aún hoy algunos colectivos ponen en duda, como ocurrió en la polémica jornada sobre la salud de la mujer organizada por la eurodiputada Lidia Senra, en la que también se cuestionó la vacuna contra el virus del papiloma humano. Ellas no lo cuestionan, ni el cribado ni las vacunas. De distintas décadas y profesiones, comparten una visión común sobre la importancia de la prevención y la detección precoz. «Yo le debo la vida al cribado», dice María, que ahora tiene 52 años, «tengo que reconocer que no creía en ellos porque me hacía mis revisiones privadas, por lo que cuando me llegó la carta pensé, bueno, hay que cumplir, y llamé. ¡Qué hubiera sido de mí sino lo hubiese hecho!». Optimista nata, se ha enfrentado ya a dos operaciones, porque al analizar el ganglio centinela encontraron otro tumor en el mismo pecho. La semana que viene empieza la radioterapia, «estoy deseando acabarla, estar más o menos bien y volver al trabajo».

María Jesús no es tan positiva. «No soy beligerante, pero cuando he asumido lo que tengo no me escondo y sí soy luchadora». Es inevitable darle vueltas a la cabeza, «esto es como una cinta de caminar, aunque tú quieras bajarte, la cinta no se para». En algunos momentos está más alta de moral y en otros más baja, «a veces pienso, tengo 61, van pasando los años y en nada me pongo en 70, así que con algo de propina me muero de vieja y no de cáncer», dice con humor.

Si no hubiera sido por. Es una frase que emplean las tres, «más tarde me dijeron que en una revisión normal no lo hubieran detectado, así que si no hubiera sido por el cribado...», reflexiona María Jesús. El mismo razonamiento hace Elsa, a quien su acento argentino la delata pese a llevar más de tres décadas en Galicia. «Era mi última mamografía, si no llegan a hacérmela al año siguiente ya no sería un pequeño tumor...». Se encuentran en la sede de la Asociación Española contra el Cáncer de A Coruña. Las acompaña Guillermo Debén, hematólogo y presidente del comité científico de la entidad. Debén se indigna con los ataques a los programas de detección y a las vacunas, «la ignorancia no tiene límites», dice claramente. En la polémica jornada celebrada hace un mes se cuestionó el cribado por el sobrediagnóstico y porque pudiese tratarse a alguna mujer que no hubiese desarrollase cáncer de mama. Le falta tiempo para rebatir argumentos, «nunca se trata un cáncer si previamente no hay una biopsia de cáncer. Es el paradigma de los libros de oncología».

Más le indigna aún que se cuestionen las vacunas, «es uno de los pocos inventos del hombre que ha hecho progresar claramente a la humanidad. La viruela se ha erradicado por las vacunas y debemos recordar que antes las familias al rezar decían ‘líbranos señor se la difteria’, porque los niños se morían ahogados delante de sus padres».

Maestro liendre, de todo sabe y de nada entiende. Así resume María Fernández muchas de las tonterías que se escuchan sobre el cáncer en la calle, con o sin buena intención. «He escuchado de todo, me han llegado a decir que me lo saque todo, a lo que respondí: haré lo que me digan los médicos que tengo que hacer». Homeopatía, productos milagro... «A mí -dice María Jesús- me han recomendado unas setas de no sé qué». Debén apunta, «hay mucha presión comercial y mucha ignorancia aunque venga con buena intención».

Distintas miradas

Elsa, María y María Jesús acuden a las reuniones de la asociación. Allí hablan y se dan consejos. «Es un aspecto de tu vida que a lo mejor no compartes con otras personas porque no quieres preocuparles, no quieres molestar», explica María. Elsa llegó a la asociación después de que se lo recomendase un psiquiatra «que se lavó las manos». Ya la operaron dos veces y tras la segunda fue cuando llegó el bajón, «tras la primera me sentí bien, pero cuando me dijeron que había que volver a limpiar ahí, empecé a caer». Su hija le decía que no hablaba y tenía los ojos tristes, y no sabía con quién hablar, «fue duro». Porque tener cáncer no convierte a las mujeres en heroínas ni transforma a las personas. María cuenta que en su caso sí ha habido un cambio brutal, pero María Jesús cree que la forma de pensar no varía de un día para otro, «sí te das cuenta de que te has pasado la vida corriendo, pero sigues siendo la misma».

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