Redacción

La afición de todo el mundo espera con impaciencia la publicación de un tráiler de Juego de tronos que ayude a sobrellevar hasta abril esta tensa espera de su final, anclada en la paradoja de querer y no querer al mismo tiempo que la historia termine. La expectación es tanta que hasta Netflix clama en las redes sociales por un avance de la obra cumbre de su rival HBO, una muestra más de hasta qué punto la travesía de Jon Nieve por los reinos de Poniente se ha hecho transfronteriza y su proyección, incontestable. Sería inútil para la competencia hacer ver que la ficción de George R.R. Martin no existe, así que parece certero ir saludando de antemano al vencedor.

Ambas plataformas protagonizaron en los últimos días irónicos cruces de mensajes a través de quienes gestionan sus redes sociales en América Latina que vienen a demostrar que, en el fondo, ambas saben que están en el mismo barco al abordaje de la televisión convencional. Pero, del mismo modo que las cadenas tradicionales forjan alianzas para reinventarse ante el arrastre del consumo a la carta, estos videoclubes vía wifi afrontan también sus propias amenazas y no son precisamente los Caminantes Blancos.

En la última carta a sus accionistas, Netflix ha confesado que su principal enemigo a batir no son los demás servicios de streaming presentes y futuros. «Competimos (y perdemos) más con Fortnite que con HBO», admiten. En la disyuntiva de elegir entre la televisión o la consola, las generaciones más jóvenes albergan pocas dudas.

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Netflix vs. Fortnite