«El caso Khashoggi fue muy mediático, pero desgraciadamente no es único»

Duarte Nuno Vieira acompaña al relator de la ONU que investiga casos de tortura, entre ellos el del periodista saudí Khashoggi


la voz / Santiago

Catedrático de la Facultad de Medicina de Coímbra y presidente del Consejo Científico del Tribunal Penal Internacional, Duarte Nuno Vieira acompaña habitualmente al relator especial de Naciones Unidas para la tortura. Viajó a Turquía para investigar el caso del periodista saudí Jamal Khashoggi, asesinado en la embajada de Arabia Saudí.

-¿Cuál es el papel del médico forense en la investigación de tortura y malos tratos?

-En dos documentos aprobados por la asamblea de la ONU se reconoce el papel fundamental del médico en la investigación o documentación de la tortura. Debido a sus conocimientos técnicos y científicos, el medico está mejor preparado para detectar en una víctima las lesiones físicas y psíquicas, aunque ella no se queje, porque muchas lo niegan por miedo a represalias a sí mismas o a sus familiares. Y también está más capacitado para detectar si esas secuelas son de tortura o maltrato, tienen otro origen, o son auto infligidas. El artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos condena no solo la tortura, sino otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, y muchas veces las propias condiciones de la detención lo son, porque interfieren con la salud fisica y psíquica del detenido. El médico está bien posicionado para valorar si las condiciones de detención, en términos de alimentación, calefacción, iluminación, espacio, calidad de agua o de cuidados médicos, pueden condicionar secuelas o lesiones.

-Hay casos brutales.

-Hay prácticas de tortura muy brutales aun hoy en día. Un informe de Amnistía Internacional daba cuenta de prácticas comprobadas de tortura más o menos intensas en el 70 % de los países reconocidos por Naciones Unidas. El derecho a la no tortura o a cualquier tipo de trato cruel o degradante es absoluto, no puede ser suspendido en ninguna circunstancia. El de la libertad, por ejemplo, si yo violo ley y he sido condenado por un tribunal imparcial, puede ser suspendido, pero el derecho a no ser torturado nunca.

-¿Es complicado investigar estos casos?

-Las investigaciones del relator especial siempre se hacen con colaboración internacional para evitar cualquier tipo de represalia sobre la persona que investiga.

-¿Encuentran barreras a la hora de tratar de esclarecer la tortura?

-La investigación de tortura es cada vez más compleja porque habitualmente ocurre a puerta cerrada, no hay testimonios, y los métodos son cada vez más sofisticados en el sentido de no dejar marcas físicas y conseguir desestructurar psicológicamente a la persona. Las víctimas son aisladas y solo se permite el acceso a ellas cuando las señales han desaparecido.

-¿Cómo fue enfrentarse al caso Khashoggi?

-No podemos comentarlo hasta que termine toda la investigación, y el informe final será presentado en junio. El caso Khashoggi ha tenido un impacto mediático muy grande por haber trascendido al mundo de la comunicación, por haber llegado al conocimiento público, o por haber sido en una embajada, pero desgraciadamente no es un caso único, hay muchas otras investigaciones a nivel internacional.

-¿Los informes son tenidos en cuenta?

-Cuanto más duro y complejo sea el régimen, mayor es la probabilidad de que no se incorporen todas las recomendaciones, pero resultados positivos siempre hay, a veces incluso antes de que llegue el relator porque saben que va. Desgraciadamente hay países en los que el relator, aunque lleve mucho tiempo pidiéndolo, nunca ha conseguido entrar porque no se autoriza su visita, por ejemplo Cuba, Rusia, Estados Unido, Zimbabue...

-¿Estados Unidos?

-Estados Unidos plantea que el relator especial, en sus visitas a centros de detención, esté acompañado por una autoridad, y esto no puede ser. Si vas a una prisión los guardias salen y no pueden saber con quién hablamos ni lo que hicimos.

-¿Hay malos tratos en países democráticos?

-Claro, porque la justicia es aplicada por hombres y no todos respetan los derechos de la dignidad de la persona humana. Ningún país puede decir que es inmune a la tortura, o a tratos crueles, inhumanos y degradantes.

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