«Le ofrezco mi casa a Cristina, aquí podría salir, podría respirar aire puro»

Un mugardés muestra su solidaridad con la coruñesa con esclerosis que no puede salir de su piso


REDACCIÓN / LA VOZ

Cristina Martínez contó en estas mismas páginas su historia. «Vivo encerrada en mi casa», decía esta mujer de 40 años que sufre esclerosis múltiple desde hace 15. El ascensor del piso familiar en el que vive es de una sola plaza si entra ella, así que necesita que alguien le abra la puerta en el quinto y en el bajo. «Si no están mis padres, no puedo bajar a la calle».

José Luis, desde Mugardos, leyó emocionado su caso y las limitaciones con las que Cristina tenía que convivir por culpa de ese piso inadaptado. Hace un año y medio que su esposa murió a causa del ELA y cada día sigue acordándose de ella. «Cuando me acuerdo todavía lloro, como ahora. Si puedo ayudar estoy dispuesto a hacer lo que sea porque sé lo que es una enfermedad como esa», asegura. Desde que falleció su mujer vive solo con sus perros en la casa que juntos construyeron y que compartieron durante tres décadas. Casi sin escaleras, con siete habitaciones y con un terreno de más de 2.000 metros cuadrados: «Aquí Cristina podría salir cuando quisiera a respirar aire puro», asegura.

«Mi mujer estuvo cinco años enferma, yo tenía que cuidarla y sé lo duro que es. Cuando vi que Cristina no podía salir de casa y miré a mi alrededor comencé a pensar. Aquí solo hay dos escalones y hasta podríamos poner una pequeña rampa de madera para hacerlo todavía más accesible. Sería el único obstáculo porque después podría andar perfectamente con su silla de ruedas por la finca . Yo le ofrezco lo que quiera. Venir a pasar unos días o, incluso, quedarse aquí definitivamente si está a gusto. Tanto Cristina como sus padres podrían estar encantados», dice este hombre que abre las puertas de su hogar. «Podría salir, podría respirar. Yo no quiero nada a cambio, aquí hay de todo. Si están ellos yo también tendría compañía y podría salir de casa más tranquilo», asegura.

Cristina, por su parte, ha recibido la propuesta con sorpresa y emoción. «Estaría bien en un futuro poder pasar unos días allí, no lo descarto», asegura mientras sigue esperando una vivienda adaptada. Necesita desesperadamente un nuevo hogar en A Coruña, con las puertas anchas para que pase su silla, ducha baja, cocina accesible y, sobre todo, sin escalones. Una búsqueda que se está haciendo casi imposible. Mientras tanto, las muestras de cariño siguen llegando: «Estoy muy agradecida y me emociono al ver que la gente se vuelca conmigo. Yo ya no sabía qué hacer, por eso decidí contar mi historia. Con esta enfermedad no tienes ni idea de lo que te depara el futuro y el ver gestos como estos te da ánimos», cuenta. Ahora, Cristina va a llamar a José Luis para darle las gracias y, quizás algún día, poder respirar ese aire puro del que habla.

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