No, no hay que enjuagarse la boca después de cepillarse los dientes

La higiene bucal es fundamental para nuestra salud y más cuando se acaba de descubrir que puede jugar un papel decisivo en el desarrollo del alzhéimer, pero la mayoría no la lleva a cabo correctamente


redacción / la voz

Es algo que hacemos (o deberíamos hacer) varias veces al día, todos los días de nuestra vida. Y aún así, a pesar de estar tan interiorizado, automatizado y extendido, lo hacemos mal. Sí, probablemente, tú también. No lavarnos los dientes, o lavarlos de forma inadecuada, tiene múltiples consecuencias: halitosis, caries, gingivitis... Y eso, solo al principio. Hace tan solo unos días, se descubrió que la enfermedad de las encías juega un papel decisivo en el desarrollo, y puede que en el origen, del alzhéimer. Un acto tremendamente sencillo que puede evitar problemas muy complicados. «La placa bacteriana es un capa muy fina y súper pegajosa adherida al diente. Al no cepillarnos, esa placa va aumentando de tamaño. Cuanto mayor grosor, más bacterias se pegan y más ácido expulsan. Con cada cepillado que no hago, eso empeora», explica la odontopediatra María Díaz.

¿A qué edad hay que comenzar a cepillarse los dientes?

«Desde la salida del primer diente ya hay que cepillar los dientes de los niños. Hay que utilizar un cepillo de cerdas de nylon y pasta con flúor desde el principio», asegura la especialista. La responsabilidad de la higienización en los menores de tres años es de los padres o los cuidadores. La Asociación Americana de Odontopediatría dice que el cepillado dental debe ser repasado, por lo menos, hasta los ocho años.

¿Qué cantidad de pasta debemos usar?

Hasta los tres años debe ser una cantidad raspada. Es decir, casi nada. Desde los tres años hasta los seis, hay que poner un grano de arroz. Desde los seis años en adelante (adultos incluidos) , el tamaño de un guisante. Es suficiente para darnos el aporte que necesitamos de flúor sin que, además, se nos llene mucho la boca de espuma. ¿Por qué es tan importante esto? «No hay que enjuagarse después del cepillado. El cepillo tiene que estar seco cuando ponemos la pasta, así también evitamos que el flúor se comience a disolver. Una vez terminamos, escupimos. Si llenamos la boca de agua, diluimos el flúor y pierde su efectividad», recomienda la odontóloga de la clínica Dentihéroes. También es muy importante fijarse en la cantidad de flúor que contiene la pasta de dientes. Va en función de la edad. Para los menores de seis años el flúor que necesita la pasta es de 1.000 partes por millón. Menos de esta cantidad es infraterapéutico, es decir, no hace el efecto preventivo. Para mayores de seis años ya se necesitan 1.450 partes por millón.

Seda dental y colutorio: ¿sí o no?

La seda dental se tiene que incorporar a la higienización cuando aparecen los puntos de contacto, es decir, alrededor de los tres años. En adultos y niños mayores debe usarse siempre antes del cepillado. Así, se arrastra una mayor cantidad de restos y, después, el flúor hace su efecto en la zona interproximal. En cuanto al enjuague bucal de flúor, depende de la edad y del riesgo de caries aunque siempre es recomendable utilizar uno de estos colutorios .

¿Cuánto tiempo debe pasar entre que comemos y nos lavamos los dientes?

«Cuando comes, la placa bacteriana está en su momento más ácido por lo que, si se hace en ese instante y se extiende con el cepillo de dientes, podemos estar haciendo una agresión. Se recomienda esperar unos 20 minutos para que la saliva empiece a hacer su efecto de disminución de ácido. Eso sí, cuando puedas hazlo. Lo importante es llevarlo a cabo», asegura María Díaz.

¿Cuántas veces al día?

Si se hace una buena higienización, mañana y noche es suficiente para hacer un efecto preventivo, aunque lo recomendable es hacer el cepillado después de cada una de las comidas «porque, lo normal, es que hagamos cepillados “a medias”. El cepillado nocturno es el primordia, el imprescindible. Por la noche baja la cantidad de salivación por lo que el ácido tiene una concentración mayor», explica la odontóloga.

¿Cuánto tiempo debemos estar cepillándonos los dientes?

Al menos, dos minutos. Adultos y niños. Hay que hacer un mismo circuito siempre. Empezar y terminar siempre por el mismo diente. Lo más sencillo es dividir la boca en cuatro zonas e ir por cuadrantes. «La angulación del cepillo con respecto al diente tiene que ser de unos 45 grados. Deben hacerse movimientos circulares, ir diente por diente. No nos podemos olvidar de ninguna de las superficies: la de fuera, la de dentro y la de masticar. Es muy importante tocar encía. La parte en la que se forma la mayor parte de la placa bacteriana es en el margen gingival. En bebés y niños pequeños es recomendable hacer el cepillado con ellos acostados y levantarles el labio», recomienda. Y sí, también hay que cepillarse la lengua.

¿Cada cuánto debemos renovar los cepillos?

Hay que cambiarlos, como máximo, cada tres meses. Es la indicación genérica media, pero la guía fundamental es observar las cerdas, si ya están abiertas y separadas, a la basura.

Una buena limpieza de dientes previene contra el alzhéimer

r. romar

Descubren que la bacteria que causa la gingivitis de la encías puede pasar de la boca al cerebro y aumentar el riesgo de sufrir la demencia

 ¿Cuál es el origen del alzhéimer? La pregunta del millón sigue sin una respuesta. Se sabe por qué se produce la enfermedad: por la formación en el cerebro de depósitos de proteínas beta-amiloide y tau. Pero no qué la causa, aunque la investigación apunta a que, muy probablemente, no existe un único factor determinante, sino varios y que sean también diversos los mecanismos que influyan en su desarrollo. «Es muy posible que se acabe descubriendo que no hay un único alzhéimer, sino cinco o seis tipos diferentes de la enfermedad», explica Carlos Spuch, científico del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur y coordinador de la Rede Galega de Investigación en Demencias.

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