La resurrección gallega de Fabián

Tras un grave accidente, este joven canario recuperó movilidad y destrezas en un centro del Imserso de Bergondo


redacción / a coruña

En su voluminosa novela 4 3 2 1, Paul Auster describe la vida de un mismo personaje, Ferguson, en cuatro versiones, marcadas cada una de ellas por las decisiones que toma y algunos elementos incontrolables. La vida de Fabián, como la de todos nosotros, es lineal, constante. Pero este joven canario habla de sus otras vidas en pasado, como si en vez de sumar años sumase episodios. Se comprende mejor su relato si se comparan dos imágenes: la del verano del 2015, cuando desembarcó en Bergondo con un cuerpo inerte en una silla de ruedas, y la de las Navidades pasadas, a pocos días de regresar a su tierra.

Cuando decimos Bergondo hablamos del Centro de Autonomía de la Promoción Personal (CPAP), una entidad ubicada en este municipio coruñés y dependiente del Imserso en la que un equipo multidisciplinar de profesionales trabaja para la recuperación proactiva de personas con graves lesiones, discapacidades motoras y daño cerebral adquirido.

Estas instalaciones tienen una rampa de salida muy especial. Le llaman el «pisito», una pequeña casa dentro del complejo donde los usuarios se instalan para vivir varias jornadas de forma totalmente independiente y medir así su grado de autogestión antes de dejar el centro. El mobiliario y los electrodomésticos cuentan con todo tipo de adaptaciones.

Precisamente en el pisito tenemos la conversación con Fabián Bethancourt, a pocos días de su despedida. Posa con la V de la victoria. Esa mano no puede ser mejor metáfora de su triunfo personal. Llegó con los dedos encogidos hacia el brazo, como los pétalos de una flor que no quieren brotar. Por eso tuvo que ser operado de los tendones. Una cirugía de tantas inauguradas aquel día de julio del 2012. Hablamos ahora del primer Fabián, el jardinero de La Gomera, el futbolista de Tercera División. Pero también el que quería quemar etapas con velocidades y sustancias ilegales. En aquella jornada se frenó en seco. Y como un felino que cae de pie, se quedó del lado de los vivos mientras las campanas doblaban por su amigo y conductor del coche de aquel brutal accidente.

Comenzó entonces la segunda vida de Fabián, inaugurada con un coma profundo de medio año. Fue cuando Londres clausuraba los Juegos Olímpicos endiosando a Usain Bolt; la economía española se encogía con una prima de riesgo que se disparaba; y en Estados Unidos, Barak Obama era reelegido presidente de los Estados Unidos. Todo esto hubo que contárselo después, cuando abrió los ojos en un hospital de Tenerife. Pero Fabián era un cuerpo sondado y sin capacidad de comunicación. Un ser atrofiado cuya imagen quiso deshacer su madre llamando a las puertas de otros centros especializados. Las que sí se abrieron fueron las de Bergondo, pero tres años después del accidente, lo que hacía más compleja su recuperación.

«Hasta para dormir había que arroparlo, era un dependiente para todas las actividades básicas», explica María José Arellano. «Sufría disfagia, tuvo que volver a aprender a tragar, trabajó mucho a nivel cognitivo y de logopedia, además de la fisioterapia», indica la responsable del área de recuperación del CPAP.

La tableta

Fabián también forma parte de la conversación. Para ello recurre a su tableta, en la que escribe sus comentarios, sus respuestas, lo que genera unos segundos previos de silencio. «Yo me alegro de ser como soy ahora, no me gustaba el Fabián de antes del accidente», dice Fabián a través de la voz femenina de un navegador de coche. «Y para mí la carcasa no está nada mal», dice en relación a su cuerpo. No es para menos. Fabián III (repasemos: Fabián I, el de la mala vida; Fabián II, el cuerpo inerte) camina, sube y baja escaleras de forma autónoma, puede comer solo… y habla a través de su tableta. Quizá por eso sonríe todo el tiempo. Su inteligencia también parece aguda:

—¿A quién echarás especialmente de menos cuando te vayas del CPAP)?

(Teclea la respuesta en su tableta mientras se muerde el labio inferior)

—A todos. No me caso con nadie.

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