El instituto A Pinguela fabrica viseras protectoras con una impresora en tres dimensiones

Las piezas se reparten gratuitamente entre las personas que pueden estar más expuestas a posibles contagios

Un lote de viseras de acetato ya terminadas junto a la impresora en tres dimensiones que se está utilizando para producirlas
Un lote de viseras de acetato ya terminadas junto a la impresora en tres dimensiones que se está utilizando para producirlas

Desde que empezó la semana, el instituto A Pinguela de Monforte está utilizando su impresora en tres dimensiones para fabricar viseras protectoras que reparte gratuitamente entre las personas que pueden estar más expuestas a posibles contagios de coronavirus. El director del centro, Enrique Sampil, puntualiza que estas máscaras no cuentan con la homologación oficial de las autoridades sanitarias. «Non podemos garantir a súa efectividade por non estar homologadas, pero de todas maneiras ofrecen un plus de protección e para quen non dispoña doutros medios é mellor ter unha destas viseiras que non ter nada», señala.

Al no estar homologadas, las viseras no pueden ser cedidas legalmente a centros sanitarios —como hospitales y ambulatorios— o residencias de mayores, pero sí pueden ser solicitadas a título personal por quien las necesite. Sampil señala que en el reparto tienen prioridad las personas que trabajan en sanidad y seguridad. También se reparten entre todos aquellos que trabajen de cara al público, en establecimientos como supermercados y farmacias. Las personas interesadas pueden pedirlas a través del correo electrónico del instituto, en la dirección ies.pinguela@edu.xunta.es. «Os que as pidan entrarán nunha lista de solicitantes aos que se irá atendendo a medida que se vaian producindo as viseiras, pero hai que ter en conta que o ritmo é lento porque os medios que temos son limitados», puntualiza Sampil.

Por otro lado, los responsables del centro indican que en el reparto de viseras tienen prioridad las personas que residen en Monforte y en los municipios cercanos. «Un ayuntamiento de la provincia de Pontevedra nos pidió que le enviásemos todas las piezas que producimos, pero ya les respondimos que antes que nada queremos repartirlas en nuestro entorno», explica José Pino, profesor de informática del instituto, que se encarga de manejar la impresora.

La fabricación de las viseras no se lleva a cabo en el instituto, sino en el garaje de la vivienda de José Pino. «Decidimos traer la máquina a mi casa porque, por un lado, las normas de confinamiento no nos permiten estar en el centro —indica el profesor—, y por otra parte, porque hay que estar muy pendiente de la impresora y comprobar cada tres o cuatro horas que está funcionando correctamente».

Las viseras se componen de una montura de plástico y una pantalla de acetato que cubre todo el rostro. «La pantalla sirve de barrera contra posibles salpicaduras de saliva cuando el usuario está cerca de otra persona y además impide que el que la lleva puesta se toque involuntariamente la cara, algo muy importante en la prevención de contagios», dice José Pino. Al principio, apunta por otro lado el profesor, el ritmo de producción era aproximadamente de seis viseras por día. «Pero ahora apareció un nuevo modelo que creo que me va a permitir producir unas veinte piezas diarias», agrega.

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