«Nós non temos medo a esta guerra, pero precisamos protección»

Dos médicos, una enfermera y una trabajadora de supermercado de la misma famiia se enfrentan cada día a la lucha contra el virus


vilagarcía / la voz

Toño y Javier Serantes ya eran dos hermanos con fuertes lazos antes de la crisis sanitaria que azota al mundo. Presidente y tesorero del Club Deportivo Ribadumia, ambos sintieron la vocación médica, que desarrollan desde hace años a muy poca distancia en el Hospital do Salnés. El primero, en el departamento de estomatología. Javier, en el servicio de Urgencias, en el que también trabaja como enfermera la mujer de Toño, Ana Silvalde. La esposa de Javier lo hace en un supermercado. A los cuatro les toca vivir «en primeira liña» la guerra contra la embestida del coronavirus COVID-19. En sus casas, asumen, tienen muchas papeletas para contraer el patógeno, entendiendo que «o máis probable é que unha alta porcentaxe da poboación o vai acabar contraendo» si no a corto, a medio y largo plazo.

En este momento, los tres sanitarios coinciden en hablar de la actual situación en su zona como «a calma que precede a tempestade». Una antesala que han aprovechado en su hospital para prepararse lo mejor que han podido con los medios a su alcance; en el caso de Urgencias, estableciendo un acceso al servicio y un área diferenciados para los posibles casos de COVID-19. Toño, como el resto de los profesionales de especialidades fuera de la primera línea de batalla, lleva semana y media «traballando baixo mínimos, atendendo só as urxencias, pisando o menos posible o hospital, polos nosos pacientes, e para estarmos todos dispoñibles para facer fronte ao que está por vir». Dado el alto índice de contagio entre los sanitarios, se va haciendo a la idea de que en cualquier momento puede tener que pasar a engrosar el personal de urgencias, quién sabe si debiendo relevar a su hermano.

Javier advierte de que la llegada del pico del coronavirus está ya a las puertas en Galicia. Por ello, reitera las llamadas a la responsabilidad de la población lanzadas por las autoridades. Y es que por su mujer sabe que todavía «hai quen vai tres ou catro veces ao día ao súper como pretexto para poder saír da casa», poniendo serio en riesgo los esfuerzos de familias como las de los Serantes.

«¿Preocupado? Todos os profesionais sanitarios temos medo a contaxiarnos. Pero o 95 % do noso pensamento está en non contaxiar as nosas familias». Con dos hijos y su suegra de 75 años en casa, cuenta Javier, «somos os primeiros que tomamos medidas de protección. Non saímos máis co estritamente necesario. Mantemos a distancia, tentando estar cada un na súa habitación, e eu teño un baño e unha habitación que só uso eu». Medidas similares a las que adoptan en el hogar de Toño, con dos hijos adolescentes. Además de llevar lo indispensable al trabajo, y ducharse en el hospital antes de volver a casa, Ana Silvalde vuelve a hacerlo en el sótano de su vivienda, vetado durante la crisis al resto de la familia.

Más allá de la preocupación familiar, la enfermera resalta que «agora si se nota que a xente entende cando debe ir por urxencias, e cando ao PAC». Tanto su marido y su cuñado como ella agradecen el apoyo social diario al colectivo sanitario, y todas las iniciativas de particulares y empresas que ceden su contado material de protección o buscan crearlo prácticamente de la nada. Con todo, y si bien «de momento non nos falta», ante la inminencia del pico del coronavirus Javier, Ana y Toño reclaman «ás autoridades que nos doten de suficiente material sanitario para protexernos e para protexer a poboación. Cando un soldado vai á guerra, leva armas. Non temos medo a esta guerra, pero precisamos protección».

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