El atípico aniversario de boda de los reyes Felipe y Letizia

Hace dieciséis años que contrajeron matrimonio en la catedral de la Almudena


Felipe VI y Letizia Ortiz no son ajenos a la situación que viven el mundo. El confinamiento al que obligó la pandemia del coronavirus también los mantiene recluidos en el palacio, sin apenas contacto con el mundo exterior más allá de las videoconferencias de trabajo que hacen casi a diario y las contadas visitas oficiales que han hecho durante este tiempo. La última fue ayer mismo, cuando de madrugada recorrieron durante tres horas las instalaciones de Mercamadrid para conocer de primera mano cómo se trabaja allí. 

Si ya tuvieron que celebrar el cumpleaños de la infanta Sofía en plena cuarentena, ahora también deberán hacer lo mismo con su aniversario de boda. Hace dieciséis años Madrid aún estaba conmocionada tras los atentados del 11M, que acabaron con la vida de casi 200 personas. Hoy la capital lleva dos meses en cuarentena tras convertirse en uno de los mayores focos de propagación del coronavirus y de duras semanas que pusieron al límite a los servicios sanitarios. 

Durante el último año, más allá de algunos escándalos que han salpicado a los reyes como el del rey emérito, ha supuesto el debut de la princesa Leonor en varios actos, como su discurso en los premios Princesa de Asturias a la misma edad que su padre y también su intervención en los premios Princesa de Girona, siempre acompañada y aconsejada por sus padres y su hermana. 

Han pasado ya dieciséis años desde aquel lluvioso 22 de mayo del 2004, en el que la que hasta hacía meses era la joven periodista que daba el telediario en La 1, Letizia Ortiz, se convirtió en esposa del rey Felipe VI, por aquel entonces aún príncipe. Desde ese momento el matrimonio ha tenido que afrontar numerosos desafíos, que han dejado, como en cualquier pareja, momentos felices y otros rodeados de dificultades. Poco queda ya de la frescura de aquella joven Letizia Ortiz, de 31 años, que interrumpió a su futuro marido durante el anuncio de su compromiso oficial. De aquel espontáneo «déjame terminar» de Letizia, que hizo reír a Felipe y enfadó a muchos que no veían con buenos ojos la elección del heredero, apenas queda nada en la ahora reina.

Con el paso de los años no solo ha cambiado estéticamente Letizia, que al principio fue juzgada y escudriñada a cada paso que daba y con cada estilismo que lucía, también ha mudado su carácter, cada vez más preocupada por el qué dirán y midiendo hasta el más mínimo de sus gestos, en un eterno afán de perfeccionismo que, dicen, tiene la monarca consorte.

La boda de Felipe y Letizia se vio empañada unos meses antes por el brutal atentado del 11M que sembró el terror en Madrid. Entre grandes medidas de seguridad y bajo una lluvia incesante, Letizia llegó a la catedral de la Almudena del brazo de su padre, Jesús Ortiz. En ese momento también se conoció a parte de su familia, desde sus abuelos a su madre y sus hermanas, Érika y Telma. Precisamente uno de los peores momentos que han vivido los reyes en los tres lustros que suma su matrimonio ha sido la muerte de la hermana pequeña de la reina, Érika, ocurrida en febrero del año 2007, apenas unos meses antes del nacimiento de la infanta Sofía. La imagen de una reina embarazadísima, desolada y vestida completamente de negro que agradeció a todos los que habían sentido la muerte de su hermana, es otra de las que ha quedado grabada en el imaginario colectivo.

Su otra hermana, Telma, protagonizó hace unos años una polémica demanda a numerosos medios de comunicación en la que pedía protección ante el acoso que supuestamente sufría, pero finalmente fue desestimada por la justicia.

Durante estos años, los rumores de crisis han sido constantes, como también lo han sido los que atribuían una supuesta mala relación de Letizia con el resto de la familia real, algo que nunca se ha podido demostrar. Si bien el rifirrafe que protagonizó junto a la reina Sofía en la misa de Palma del año pasado la dejó en una posición muy delicada, lo cierto es que la familia de Felipe VI también ha vivido unos años muy convulsos en los que las relaciones han cambiado mucho. Solo hay que ver cómo ha ido «adelgazando» la foto familiar que tradicionalmente se sacaban en la misa de Pascua. Del numeroso grupo de quince miembros que posó en el 2006 con los Urdangarin y los Marichalar, ahora la familia se ha reducido considerablemente y son cinco o seis como máximo, dependiendo de la asistencia o no del rey emérito.

Los reyes cortaron relación con Cristina e Iñaki Urdangarin cuando se destapó el escándalo que ha terminado con el cuñado de Felipe VI en prisión. Y el rey Juan Carlos también ha pasado una época en la que su imagen pública se vio muy deteriorada, tras el incidente de Botsuana y su supuesta relación con Corinna, lo que precipitó la abdicación.

Entre los retos que les quedan por delante está la formación como heredera de la princesa Leonor, que ya dio su primer discurso hace unos meses. Su principal preocupación es que sus hijas lleven una vida lo más normal posible, y es por eso que han limitado al máximo su presencia en actos públicos durante su vida.

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