«Pasé de caminar 10 kilómetros al día a pasar 15 horas al día con oxígeno»

Dolores García estuvo en la UCI por covid. Su marido dio positivo de nuevo tras haber superado el virus en la primera ola


viveiro / la voz

De las 110.031 personas que, según datos oficiales del Servizo Galego de Saúde, este viernes se habían contagiado en Galicia de coronavirus, 2.154 han fallecido y miles han superado la enfermedad de manera asintomática, pero un pequeño porcentaje ha sufrido experiencias vitales traumáticas. Una de esas personas es Dolores García Liz, una viveirense de 52 años que contrajo la enfermedad a finales de diciembre, en plena tercera ola, y que acabó intubada en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Lucus Augusti de Lugo tras una semana ingresada en la llamada «planta covid» del Hospital Público da Mariña, situado en Burela. Siete días que prácticamente han desaparecido de su mente. «De esa semana solo recuerdo la mascarilla que me pusieron, que te sujeta la cabeza y no te deja mover. A mí me parecía horrible y le pedía al médico que me la quitase, porque aunque no estoy medicada a veces tengo episodios de ansiedad», señala la mujer, que está convencida de que contrajo la enfermedad en la residencia de mayores de Burela, donde cubrió una baja temporal como ordenanza la segunda quincena de diciembre.

Dolores cree que la aprensión a la citada mascarilla pudo agravar la neumonía bilateral que le provocó el covid-19: un empeoramiento que implicó su traslado a la unidad de críticos del HULA. Y fue allí donde vivió uno de los momentos más angustiosos del proceso. «Llegué obsesionada con que no me intubaran y una médica me explicó que la mascarilla que me querían poner en Burela era muy buena para los pulmones, pero no valía para todo el mundo porque para gente ansiosa o que sea nerviosa no vale. Me dijo: ‘Yo no te voy a hacer eso, tranquila. Te voy a intubar, no te voy a lastimar, pero eso sí, si quieres despedirte de tus hijos, que sé que estás preocupada, hazlo'. Y eso fue horrible», explica una mujer que, según detalla, antes del coronavirus tenía una vida activa y sana.

Más de ocho años sin fumar

«Llevaba ocho años y medio sin fumar, y aunque tenía algo de sobrepeso, caminaba muchísimo, hacía senderismo... Pasé de caminar 10 kilómetros al día a pasar 15 horas al día conectada a la máquina del oxígeno», explicó esta semana desde su casa de Viveiro, donde trata ahora de recuperarse de las secuelas.

Coincidencia o no, Dolores García recibió la primera dosis de la vacuna frente al covid-19 en la residencia de ancianos burelense el 30 de diciembre, apenas 24 horas de dar positivo en un test de antígenos que le realizaron en el ambulatorio de Viveiro, cuando empezó a desarrollar síntomas, como fiebre muy alta. «¿Que la vacuna tuvo algo que ver? Unos me dicen que sí y otros que no, que yo ya lo tenía incubado. ¡Quién sabe!», reflexiona, antes de indicar que, horas antes de que le administrasen el inyectable, ella había sentido algunas molestias en la garganta que remitieron a las pocas horas.

La mayor preocupación de Dolores en todo este tiempo han sido sus dos hijos y su marido, quien todavía arrastra las secuelas del coronavirus que contrajo durante la primera ola. «Entonces solo lo tuvo él, no nos contagió a ninguno. Pero esta vez yo acabé contagiando a mis hijos y a él otra vez», sostiene esta viveirense.

«Lo pasé fatal. Ya no porque yo me muriera, sino por saber cómo estaban mis hijos, a quienes dejé en casa con el covid. Sobre todo a Mateo, que es asmático. Que mi marido había dado positivo otra vez no me lo dijeron hasta mucho tiempo después para no preocuparme», relata. «Cuando en la uci de Lugo empecé a despertar, no paraban de llegar ambulancias. Mi obsesión cada vez que llegaba una de Burela era preguntar si venía en ella Mateo, y las enfermeras me decían: ‘Tranquila, que no es tu hijo'. Médicos, enfermeras, celadores, auxiliares..., todos me trataron con muchísimo cariño, no tengo más que palabras de agradecimiento. Son cosas que te quedan grabadas cuando estás tan sola», acaba.

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